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El departamento de Veterinaria de la Universidad Católica de Valencia (UCV) dispone de diversas áreas de actuación e investigación respecto a la cirugía, dolor y patología articular de los animales. En concreto, cuentan con varias líneas de investigación en esta área que se centran en el estudio de una evaluación clínica eficaz de animales ...
El departamento de Veterinaria de la Universidad Católica de Valencia (UCV) dispone de diversas áreas de actuación e investigación respecto a la cirugía, dolor y patología articular de los animales. En concreto, cuentan con varias líneas de investigación en esta área que se centran en el estudio de una evaluación clínica eficaz de animales con artrosis mediante la validación de cuestionarios de calidad de vida, "así como estudios de biomarcadores de artrosis o el efecto de determinados suplementos articulares tanto a nivel molecular como clínico", según responde Pilar Lafuente, profesora ayudante en Cirugía de Pequeños Animales de la Universidad Católica de Valencia.
Estas líneas se complementan con investigaciones en manejo del dolor agudo y crónico, en animales con condiciones articulares con el objetivo final de optimizar la calidad de vida de perros y gatos con artrosis y otras enfermedades articulares, y aportar evidencia aplicable a la clínica diaria.
Osteoartritis y otras lesiones
Para la experta, actualmente, la artrosis (osteoartritis) es, sin duda, la principal causa de dolor crónico articular en perros y gatos. "Se trata de una enfermedad muy prevalente y progresiva que no afecta solo a animales geriátricos, sino también a pacientes jóvenes, especialmente aquellos con enfermedades ortopédicas de base como la displasia de cadera o de codo, la rotura del ligamento cruzado craneal, las incongruencias articulares, las inestabilidades o las secuelas postraumáticas", responde.
La enfermedad del ligamento cruzado craneal, luxación de rótula y displasias, de cadera y codo, son condiciones articulares también muy frecuentes que causan dolor y cojera en perros, y menos en gatos. Y en "perros deportivos y de trabajo, además, vemos con frecuencia lesiones articulares por sobreuso, tendinopatías asociadas y degeneración articular precoz. En el gato, la artrosis sigue estando claramente infradiagnosticada, a pesar de que hoy sabemos que una gran proporción de gatos adultos y senior presentan cambios degenerativos clínicamente relevantes, aunque con signos mucho más sutiles que en el perro", declara Lafuente.
Manejo multimodal e individualizado
El abordaje actual del dolor articular se basa en un manejo multimodal e individualizado, apoyado por la evidencia científica. Así lo ve Lafuente: "Ya no se habla de un único tratamiento, sino de la combinación de diferentes estrategias adaptadas a cada paciente".
En esta línea, habla del tratamiento farmacológico, que incluye antiinflamatorios no esteroideos cuando están indicados, analgésicos centrales y, más recientemente, terapias biológicas como los anticuerpos monoclonales frente al NGF, que han supuesto un cambio importante en el manejo del dolor crónico, especialmente en perros y gatos con artrosis.
También en el control del peso, fundamental para reducir la carga articular y la inflamación sistémica, y uno de los factores con mayor impacto clínico demostrado en la evolución de la artrosis. Junto a la nutrición y suplementación, orientadas a modular la inflamación y apoyar la salud articular. "Las dietas específicas para artrosis, enriquecidas en ácidos grasos omega-3 (EPA y DHA), han demostrado beneficios en la reducción del dolor y la mejora de la función. La suplementación con otros condroprotectores/nutracéuticos, como condroitin sulfato, glucosamina, colágeno o antioxidantes puede ser útil como parte del manejo global, aunque su efecto es variable y no sustituye a otros tratamientos con mayor nivel de evidencia, como los ácidos grasos omega 3".
Otra estrategia se centra en la modificación del ejercicio, clave para mantener la función articular sin exacerbar el dolor. Para Lafuente, se recomienda ejercicio regular, controlado, corto y de bajo impacto, evitando picos de carga, actividades explosivas o cambios bruscos de intensidad. "El objetivo es preservar la masa muscular, estabilidad articular y movilidad, adaptando siempre la actividad a la fase de la enfermedad y a la respuesta individual del animal". Mientras que la rehabilitación y fisioterapia veterinaria, actualmente una parte esencial del tratamiento, incluye terapias manuales, ejercicios terapéuticos y agentes físicos como el láser, la electroterapia o las ondas de choque extracorpóreas, que han demostrado efectos beneficiosos en animales con artrosis. "La hidroterapia es una herramienta especialmente completa, ya que permite trabajar fuerza, rango de movimiento, control del peso y analgesia, con un bajo impacto articular", señala Lafuente.
También destaca la medicina regenerativa, como el uso de plasma rico en plaquetas o terapias celulares, que se emplea cada vez más como tratamiento complementario. "Aunque algunos estudios y la experiencia clínica sugieren beneficios en determinados pacientes, la evidencia sigue siendo limitada y heterogénea, por lo que su indicación debe ser individualizada y basada en expectativas realistas", añade.
Y también se destaca la cirugía, indicada en los casos en los que existe una causa estructural corregible (por ejemplo, inestabilidad articular o incongruencias), ya sea mediante cirugía estabilizadora o artroscopia para mejorar la sintomatología y posiblemente ralentizar la progresión de la enfermedad, o procedimientos de rescate orientados a aliviar la sintomatología. "La clave está en tratar al paciente, no solo a la articulación, y adaptar el plan terapéutico a su edad, actividad, comorbilidades y expectativas del tutor".
`Manejo más precoz y más específico'
Las innovaciones se dirigen hacia un manejo más precoz, más específico y menos dependiente exclusivamente de fármacos tradicionales. Destacan especialmente las terapias biológicas y moduladoras del dolor, como los anticuerpos monoclonales, que permiten un control sostenido del dolor con un buen perfil de seguridad.
Lafuente menciona la medicina regenerativa, con avances en el uso racional de PRP, células madre mesenquimales y otros productos biológicos, aunque todavía necesitamos más estudios bien diseñados para definir protocolos, dosis, etc. Además del diagnóstico más temprano, gracias a una mejor concienciación clínica, herramientas de evaluación funcional, análisis de la marcha y técnicas de imagen más precisas; y la integración de la medicina deportiva, aplicando principios de entrenamiento, de prevención de lesiones, nutricionales y de rehabilitación también en pacientes no deportivos.
Con todo, "la investigación actual se centra en comprender mejor la artrosis como una enfermedad de órgano completo, no solo del cartílago, sino que afecta al hueso subcondral, la membrana sinovial, los músculos y el sistema nervioso". Resalta así un gran interés en los mecanismos del dolor crónico, sensitización central y neuroinflamación, así como en los biomarcadores que permitan diagnosticar artrosis de forma más temprana o monitorizar la respuesta al tratamiento.
"Asimismo otro punto de gran interés son las estrategias preventivas, especialmente en razas predispuestas o en pacientes jóvenes con patologías ortopédicas. También se sigue estudiando la evaluación de la calidad de vida de los pacientes con artrosis, como graduarla y monitorizarla para establecer si el manejo recibido está siendo adecuado", remarca.
Cada vez se busca más evidencia de calidad que permita tomar decisiones clínicas basadas en datos y no solo en experiencia individual.
Una especialidad en auge
La veterinaria está viviendo una evolución enorme, con tutores cada vez más informados y exigentes, con pacientes que viven más años y requieren un manejo del dolor y de la calidad de vida mucho más sofisticado, y con tecnología, conocimientos y formación veterinarios cada vez más avanzados. "Este aumento en la complejidad asistencial no siempre va acompañado de una correcta comprensión del valor real del acto veterinario, especialmente cuando se habla de precios y costes".
En su especialidad, la cirugía de pequeños animales combinada con la medicina deportiva y la rehabilitación, se refleja muy bien este cambio y el auge que ha experimentado en los últimos años, "en paralelo al incremento de los deportes caninos y del trabajo especializado con perros de servicio, seguridad o rescate". Según la veterinaria y profesora, estos animales son auténticos atletas de élite y requieren un conocimiento biomecánico, fisiológico y clínico muy específico. "Aquí, ya no se trata solo de operar, sino de acompañar al paciente a lo largo de su condición, optimizar su recuperación y funcionalidad, prevenir lesiones y controlar el dolor crónico".
Presión constante
Lafuente lo señala como un campo en continua evolución, con investigación constante y estudios clínicos que permiten generar evidencia sobre técnicas quirúrgicas, programas de rehabilitación y terapias complementarias que realmente mejoren la función y el bienestar de los animales de compañía. "Sin embargo, todo este nivel de especialización, formación continua, tecnología y tiempo clínico tiene un coste que no siempre es percibido ni aceptado socialmente ni oficialmente. En España, además, los servicios veterinarios están gravados con un IVA del 21%, lo que encarece directamente la atención sanitaria animal y dificulta que muchos tutores entiendan por qué determinados tratamientos, cirugías o programas de rehabilitación tienen el precio que tienen", aclara. Y ello genera una presión constante sobre el veterinario, que se ve obligado a justificar honorarios que, en muchos casos, no reflejan ni la responsabilidad ni el nivel de cualificación requerido.
Hay otros retos importantes. Según Lafuente, nuevas legislaciones y marcos regulatorios están limitando o dificultando el uso de determinadas terapias, a veces sin una diferenciación clara entre prácticas sin base científica y tratamientos respaldados por evidencia.
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