"Muchos problemas de conducta son la primera o única manifestación de dolor, enfermedad o estrés crónico"

La etología clínica se ha convertido en una pieza clave para abordar muchos de los problemas que afectan hoy a la convivencia entre animales de compañía y sus familias. Ferran Pahisa, veterinario etólogo en Veterinari del Clínic, reflexiona sobre la necesidad de integrar de forma real la medicina del comportamiento en la práctica veterinaria, el impacto del entorno urbano en la conducta de los perros y la importancia de una formación sólida y basada en la evidencia para mejorar el bienestar emocional de los pacientes.

Estado: Esperando

02/04/2026

Ferran Pahisa, veterinario que ejerce en Veterinari del Clínic, empezó la carrera de veterinaria pensando en dedicarse a la parte más clínica y no tanto al comportamiento. Al cursar el grado y, sobre todo, al empezar a ayudar a su compañera Laura, que ya estaba inmersa en el mundo de la etología, vio ...

Ferran Pahisa, veterinario que ejerce en Veterinari del Clínic, empezó la carrera de veterinaria pensando en dedicarse a la parte más clínica y no tanto al comportamiento. Al cursar el grado y, sobre todo, al empezar a ayudar a su compañera Laura, que ya estaba inmersa en el mundo de la etología, vio que era lo que le gustaba y que quería especializarse en ello. Así, explica, le atrajo especialmente entender el motivo por el cual los perros se comportan como lo hacen y buscar la manera de poder ayudar a sus familias a convivir mejor con ellos.

Eso sí, para el profesional, la formación en etología para veterinarios no está suficientemente integrada en los planes de estudio actuales: "Creo que al acabar la carrera salimos con una formación muy pobre en cuanto a etología y que sería muy importante para la mayoría de los compañeros que se dedican a la veterinaria clínica. Propondría que, al igual que se realizan una serie de horas de otras especialidades, se realizaran más horas dedicadas a la etología o, como mínimo, a aspectos más generales enfocados al comportamiento y la comunicación de perros y gatos. Otra mejora que se podría realizar es añadir una asignatura optativa de etología durante el último año. Esto, además de dar una formación muy importante a los futuros veterinarios, ayudaría a ver la etología como una posible salida profesional".

Al final, es algo tan importante como la especialidad encargada del comportamiento: "Así como los dermatólogos veterinarios están especializados en problemas o enfermedades que aparecen en la piel, los etólogos nos encargamos de aquellos que aparecen en el comportamiento animal. Ayudamos a diagnosticar y tratar los diferentes problemas de conducta que pueda tener un animal. La diferencia principal es la formación de base. Un etólogo clínico veterinario debe haberse graduado como veterinario en una universidad y, posteriormente, debe especializarse en comportamiento animal. En cambio, un adiestrador o un modificador de conducta no necesita haber pasado por un grado en veterinaria para ejercer. Se accede al conocimiento a partir de formación privada que, por el momento, no está reglada".

Como describe, ambas figuras son importantes a la hora de abordar un problema de conducta. El etólogo se encargará del diagnóstico y la creación del plan de trabajo, mientras que el adiestrador/educador se encargará de ayudar a los tutores a ejecutar este plan.

Qué se detecta

Para Pahisa, uno de los problemas de comportamiento más frecuentes, serían las reacciones agresivas de perros hacia otros perros. En este caso los factores subyacentes más habituales se encontraría en aspectos ambientales y de manejo, especifica. "Cada vez hay más perros, y muchos de ellos viven en ciudad. Este ambiente suele ser muy estimulante y complejo para un perro. Esto, sumado a un mal manejo de las situaciones -como llevar la correa muy corta, poner tensión o dar tirones, áreas para perros abarrotadas, etc.)- dificulta que los canes se puedan relacionar de manera tranquila y cómoda, y a menudo acaba desencadenando en problemas de conducta".

Asimismo, explica otros problemas que aparecen de forma muy recurrente, como serían los trastornos relacionados con la separación y el miedo en la calle. "En estos casos la genética juega un papel clave en la predisposición a la aparición del problema, aunque el ambiente y el manejo también influyen de forma considerable. La mayoría de los problemas que nos encontramos tienen un origen multifactorial, es importante analizarlos bien para poder comprenderlos y modificarlos", analiza.

En cuanto a cómo aborda el diagnóstico diferencial entre un problema comportamental con base médica y uno relacionado exclusivamente con aprendizaje o manejo, Pahisa destaca que cuando les llega un animal con un problema de conducta, siempre se realiza una exploración física y una recogida de información para realizar la evaluación etológica. Si el perro muestra una buena condición física y el problema de conducta responde de forma coherente al entorno en el que se encuentra, consideran que el problema es exclusivamente comportamental. Si, en cambio, la respuesta aparece sin un detonante evidente, es de una intensidad muy elevada o se observa algún tipo de alteración en la exploración física, se recomiendarealizar pruebas médicas para descartar posibles patologías que puedan estar influyendo en el comportamiento del animal.

En definitiva, la etología implica trabajar estrechamente con las familias de los pacientes. Así, las estrategias que utiliza para mejorar la comunicación con los propietarios y asegurar adherencia a los planes de modificación conductual son, en primer lugar, intentar ser lo más claros y transparentes en cuanto al problema y al pronóstico. Y, una vez iniciado el trabajo, se intenta realizar planes muy detallados y lo más estructurados posibles (en cuanto a ejercicios, tiempo de dedicación, etc.). Así los tutores pueden implementarlo dentro de sus rutinas sin que les suponga una excesiva carga de trabajo.

Además, Pahisa destaca que, en la primera sesión, pactan los objetivos y el nivel de implicación con los tutores. Remarcando la necesidad de trabajo por su parte para que el problema mejore.

Educar también al tutor

Para el experto, la educación del tutor es un pilar fundamental en la prevención de problemas de comportamiento a largo plazo. "Un tutor informado puede cubrir mejor las necesidades etológicas del animal, interpretar de forma adecuada sus señales de comunicación y aplicar un manejo coherente desde etapas tempranas. Esto reduce la aparición de conductas problemáticas, favorece la adaptación del animal a su entorno y contribuye a una relación humano–animal más estable y saludable".

Pahisa añade que, "de hecho, nuestra labor en la gran mayoría de casos, se basa más en educar y enseñar a los tutores y no directamente al animal. Al final ellos deben ser los encargados de aplicar las pautas de manejo en su día a día tanto para prevenir como para tratar posibles problemas de conducta".

En cuanto a los principales retos clínicos que enfrenta la etología veterinaria en España hoy, Pahisa asegura que, en primer lugar, sería ganar credibilidad:"Como es un sector más desconocido, mucha gente no nos da la credibilidad como se la da al veterinario clínico en consulta, así que tendremos que trabajar para aumentar nuestro reconocimiento en el sector veterinario".

Otro reto, insiste, sería aumentar el consenso en cuanto a las metodologías de trabajo entre los veterinarios y profesionales del sector, e incrementar la investigación para validar métodos, tanto diagnósticos como protocolos de actuación. "Mejorando estos dos puntos, podríamos dar un gran salto en el abordaje de muchos problemas conductuales, que actualmente no tiene un protocolo claro a seguir", valora.

En cuanto al peso que tienen los factores ambientales y de manejo frente a los genéticos o médicos en los casos que recibe, apunta que depende mucho de cada caso. "Al final no es lo mismo cuando delante tienes un cachorro o un perro ya adulto, tampoco es lo mismo un perro en un entorno rural que uno en un medio urbano, etc,. Por otro lado, también depende mucho del problema de conducta. Por ejemplo, se ha visto que el miedo tiene un gran componente genético y, en cambio, hay otros problemas donde la genética no juega un papel tan importante. Sean unos u otros, lo más importante es intentar identificar qué factores están fallando en cada animal, e intentar hacer un abordaje individualizado para cada animal".

Problemas recurrentes

En relación con el impacto que tiene la proliferación de información no avalada científicamente -procedente de Internet, redes sociales o adiestradores no clínicos- en el ejercicio del veterinario etólogo, Pahisa señala que esta situación les afecta de manera similar a otros ámbitos de la vida cotidiana. El acceso tan fácil e inmediato a la información lleva a buscar respuestas de forma casi automática en Internet, muchas veces sin contrastar ni verificar su veracidad. "En nuestro sector, además, un problema añadido, es que la formación en educación canina, no es una formación reglada y bien regulada, así que dentro de todo el abanico de formación y de personas que se ofrecen como educadores caninos, puedes encontrar de todo, gente con una gran formación y experiencia, y otros sin ella que ofrecen igualmente sus servicios como educadores caninos".

Otro problema, explica, es el mantenimiento de ciertas teorías, ya obsoletas, como la teoría de la dominancia en el perro, que aún tienen mucha fuerza en la sociedad y el sector. Por eso es fundamental también hacer una labor de formación y divulgación enfocado tanto a profesionales como a los tutores.En relación con los tipos de casos o diagnósticos que suelen llegar tarde a consulta y sobre cómo mejorar la detección precoz en la práctica diaria, insiste en que muchas situaciones de agresividad de perros hacia otros perros no aparecen de forma repentina, sino que el animal va mostrando pequeñas señales que, si no se identifican a tiempo, acaban escalando progresivamente.

"Si desde que empieza un problema lo intentamos abordar, el pronóstico siempre es mucho más favorable", explica, y añade que otro tipo de casos frecuentes se ven en cachorro: "Hablamos de ciertas conductas que asumimos que son normales en un cachorro -incluso algunas de ellas pueden llegar a hacernos gracia-, como por ejemplo un perro que persigue ciclistas. Pero que, cuando el perro ya es adulto, se convierten en un problema de comportamiento. Para evitar estos problemas, el papel de los veterinarios clínicos es fundamental, ya que a menudo tienen un trato más estrecho y frecuente con los perros y sus tutores, y pueden detectar conductas indeseadas desde etapas más tempranas".

Investigando

Uno de los aspectos a investigar en el avance de la etología veterinaria serían protocolos y herramientas de evaluación lo más objetivos posibles, para lograr un diagnóstico lo más certero posible y afinar más en los tratamientos. También sería prioritario, incide, llegar a consensos claros y estandarizados, sobre el abordaje de los diferentes problemas de conducta. "Desgraciadamente disponemos de pocas herramientas de evaluación, y tenemos que utilizar más la observación directa y los conocimientos adquiridos. Sí que hay ciertas alteraciones como, por ejemplo, el hipotiroidismo, que se ha visto que puede provocar cambios en el comportamiento del perro como agresividad y apatía, entre otros".

En cuanto a la colaboración interdisciplinaria en casos complejos entre veterinarios etólogos y otros especialistas, Pahisa cree que es fundamental. "Muchas veces nos encontramos problemas que tienen un origen multifactorial o, por ejemplo, tenemos un problema de comportamiento que se ve empeorado por un problema orgánico subyacente. En estos casos, si intentamos tratar solo el tema conductual sin tratar el problema orgánico, nunca conseguiremos solucionarlo del todo. Y al revés, si solucionamos el problema orgánico, pero no hacemos ningún tratamiento comportamental, fácilmente la conducta se mantiene porque el animal hace un aprendizaje que se mantiene en el tiempo. Por eso, animo a todos los colegas del sector a colaborar entre ellos, mantener una comunicación activa y referir, si es necesario, a otros veterinarios".

¿Por dónde pasa el futuro?

"Con el aumento del número de perros y gatos, junto al incremento de la concienciación de los tutores a la hora de tener un animal, creo que será un sector en expansión. Por eso, cada vez será necesario que haya más veterinarios especializados en este ámbito", opina Pahisa, quien insiste en que "hay que aumentar la formación en etología dentro el grado de veterinaria, apostar por la investigación y fomentar la colaboración interdisciplinar".

Al preguntarle por el papel que juegan las clínicas y los hospitales veterinarios en la promoción del bienestar emocional y mental de los animales de compañía además de su salud física, el experto destaca que desempeñan un papel clave en la promoción del bienestar emocional al integrar la evaluación conductual en la práctica clínica habitual. "Además del abordaje de la salud física, pueden minimizar el estrés asociado a la atención veterinaria, identificar de forma precoz alteraciones del comportamiento,
educar a los tutores sobre necesidades etológicas y establecer estrategias preventivas. Esta integración permite una atención más completa, mejora la calidad de vida del paciente y de los tutores"
. Por eso, reitera, "sería interesante que en los estudios de veterinaria se dedicara más tiempo al comportamiento animal, para que los veterinarios clínicos tengan una formación más completa en este ámbito".

Como mensaje dirigido a sus colegas veterinarios sobre la importancia de integrar la medicina del comportamiento en la práctica general, subraya que esta disciplina "no debería entenderse como un complemento, sino como una parte de la clínica diaria". "Muchos problemas de conducta son la primera o única manifestación de dolor, enfermedad o estrés crónico. Integrarla en la práctica general mejora el bienestar del paciente, fortalece el vínculo con los tutores y reduce frustraciones clínicas, porque permite abordar el problema de forma completa y no solo apagar la conducta".

Ofrecer calma

Son muchos años ya dedicados a la etología veterinaria, pero Pahisa tiene claro lo que más le apasiona de su trabajo: "Ver cómo ayudamos a familias y a sus perros a mejorar su calidad de vida".

"Un día -explica- un cliente nos hizo una reflexión que me parece muy interesante: nos dijo que al final nosotros lo que ofrecemos a la gente es calma y tranquilidad. Nosotros de primeras nos sorprendió y le preguntamos por qué. Y nos explicó que, antes de trabajar los problemas de comportamiento con su perro, para él eran muy estresantes la convivencia en casa y las salidas a la calle. Al mejorar todos estos aspectos, le permitió estar en casa y salir a los paseos de manera mucho más relajada y tranquila, y realmente poder llegar a disfrutar de la compañía de su perro".

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