Veterinarios alertan: la guerra de Irán pone en riesgo la producción mundial de alimentos

El bloqueo del estrecho de Ormuz evidencia la dependencia de fertilizantes importados y acelera el debate sobre modelos agroalimentarios sostenibles.

Estado: Esperando

30/03/2026

El bloqueo del estrecho de Ormuz, como consecuencia de la guerra de Irán, está causando un importante déficit de fertilizantes nitrogenados vitales para la agricultura. Ante esta situación, la profesión veterinaria propone apostar por la innovación tecnológica, al desarrollar procesos de recuperación de nutrientes a partir de residuos orgánicos (purines, ...

El bloqueo del estrecho de Ormuz, como consecuencia de la guerra de Irán, está causando un importante déficit de fertilizantes nitrogenados vitales para la agricultura. Ante esta situación, la profesión veterinaria propone apostar por la innovación tecnológica, al desarrollar procesos de recuperación de nutrientes a partir de residuos orgánicos (purines, lodos, subproductos animales), producir hidrógeno verde a partir de energías renovables, y construir sistemas alimentarios más resilientes y descentralizados.

La Organización Colegial Veterinaria (OCV) recuerda que por el citado punto del Golfo Pérsico transita un tercio del mercado mundial de estos compuestos, necesarios para la producción agraria, lo que he generado notable inquietud. De hecho, se estima que la actual crisis podría desembocar en la perdida de decenas de millones de toneladas de alimentos en todo el mundo, con severas consecuencias para la seguridad alimentaria global, especialmente en África.

La guerra de Irán ha conformado nuevamente la vulnerabilidad estratégica que genera la dependencia de recursos concentrados geográficamente, según precisa Gaspar Ros Berruezo, catedrático de Tecnología de los Alimentos, Nutrición y Bromatología de la Universidad de Murcia, quien defiende la utilidad del modelo One Health para afrontar este problema de manera multidisciplinar.

"A finales de 2025 –señala Ros-, en el seno de la Federación de Veterinarios Europeos, y con la participación de la OCV, se configuró un posicionamiento al respecto, porque ya se preveía este fenómeno. Así, se propone una transición hacia sistemas agroalimentarios basados en una bioeconomía circular para garantizar la seguridad alimentaria mundial. El documento sostiene que es fundamental reducir la dependencia de los fertilizantes sintéticos derivados de combustibles fósiles, priorizando en su lugar el uso de nitrógeno biológico fijado en los residuos, principalmente estiércol y subproductos animales".

Cadena alimentaria y bioseguridad

Con este abordaje, los veterinarios, como garantes de la seguridad en la cadena alimentaria, desde el manejo de los subproductos hasta la mesa del consumidor, resultarían clave para realizar una evaluación de riesgos que garantice el control de patógenos y bioseguridad en el uso de estos subproductos animales.

"La ganadería, por su parte, jugaría un papel fundamental no solo como fuente de proteína, sino como pilar de la fertilización orgánica, necesaria para la producción vegetal sostenible, mediante la producción local de fertilizantes circulares", explica el especialista.

De esta forma, en España, como uno de los principales productores ganaderos de la UE, la aplicación de tecnologías para la recuperación de nitrógeno (RENURE) y de valorización de subproductos podría permitir recuperar entre 200.000 y 400.000 toneladas de nitrógeno anuales, reduciendo significativamente la dependencia española de fertilizantes nitrogenados importados.

Este enfoque permitiría aprovechar el potencial de los rumiantes en sistemas extensivos y la gestión de residuos ganaderos para transformarlos de un problema ambiental a un recurso económico (fertilizantes y biogás), dentro tanto de la estrategia "De la Granja a la Mesa" como de los principios de la Economía Circular.

Suelos degradados

Conviene incidir, además, en que la reincorporación de materia orgánica al suelo resulta urgente, ya que el 60% de los suelos de la Unión Europea muestra signos de degradación, y el uso de estiércol y restos orgánicos es la vía más eficaz para restaurar su capacidad de secuestro de carbono y su productividad.

La crisis actual refleja la vulnerabilidad de un modelo basado en fertilizantes artificiales, que dependen directamente del gas natural y el carbón, y de los que se derivan aproximadamente la mitad del suministro mundial de alimentos. "El papel de la ganadería, crucial también para abordar el reto de la despoblación del medio rural, y la veterinaria, como profesión sanitaria ligada al bienestar y salud animal, y la salud pública, tiene hoy más que nunca una importancia capital para garantizar sistemas agroalimentarios sostenibles y seguros", subraya la OCV.

Por último, el profesor Ros señala la necesidad de distinguir entre las emisiones de carbono biogénico (propias de los ciclos naturales de plantas y animales) y las emisiones de carbono fósil. "Mientras que los animales circulan nutrientes ya presentes en la biósfera, la combustión de carbono fósil es el principal motor del cambio climático. Por tanto, reducir la cabaña ganadera en favor de una dieta exclusivamente vegetal podría, paradójicamente, aumentar la dependencia de fertilizantes sintéticos derivados del gas, agravando la crisis de suministros actual", concluye.

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