"El `burnout' en veterinaria es un problema muy frecuente y serio, reconocido a nivel internacional"

La aparición de enfermedades emergentes como la gripe aviar, la peste porcina africana o la lengua azul ha devuelto a la veterinaria al centro de la seguridad alimentaria y la salud pública. En este complejo contexto, el sector afronta un creciente malestar profesional.

Estado: Esperando

30/03/2026

La veterinaria en España es una pieza clave de la salud pública, pero arrastra dificultades estructurales desde hace años. Así lo expone Joan Mesià García, presidente del Col·legi Oficial de Veterinaris de Barcelona (COVB), quien destaca la coyuntura marcada por la irrupción simultánea de múltiples enfermedades animales de alto impacto y por un creciente ...

La veterinaria en España es una pieza clave de la salud pública, pero arrastra dificultades estructurales desde hace años. Así lo expone Joan Mesià García, presidente del Col·legi Oficial de Veterinaris de Barcelona (COVB), quien destaca la coyuntura marcada por la irrupción simultánea de múltiples enfermedades animales de alto impacto y por un creciente malestar profesional.

Los acontecimientos recientes han situado a la veterinaria "en el centro de la preocupación sanitaria y de seguridad alimentaria del país". En el último año se han concentrado patologías como la Peste Porcina Africana (PPA); la gripe aviar, que genera una inquietud especial por "las probabilidades que tiene de ser la próxima pandemia mundial"; la Dermatosis Nodular Contagiosa (DNC), que obligó a sacrificar una gran parte de la cabaña bovina en Cataluña, así como la lengua azul y otras enfermedades emergentes. Esta acumulación de crisis sanitarias evidencia la esencialdiad de la profesión para el conjunto de la sociedad.

Precarización profesional

Sin embargo, esta centralidad no se ha traducido en un reconocimiento acorde. El presidente del COVB remarca que, pese a ser una profesión clave para la salud pública, el bienestar animal y la seguridad alimentaria, integrada plenamente en el enfoque One Health, "seguimos siendo una profesión marcada por una notable precarización profesional". Los veterinarios españoles soportan salarios bajos, jornadas laborales extensas, una presión administrativa muy elevada y una clara falta de valoración institucional y social.

Los datos disponibles sitúan el salario medio anual del sector en torno a los 25.000 euros, una cifra que considera insuficiente si se tiene en cuenta la elevada cualificación académica exigida y la responsabilidad asumida diariamente. A ello se suman "una regulación estricta del medicamento veterinario, una carga fiscal elevada y una desconexión entre la alta cualificación académica exigida y las condiciones laborales reales, especialmente en el ámbito clínico", lo que ha generado "un creciente malestar profesional y una demanda cada vez más clara de reformas estructurales".

Uno de los problemas que señala con mayor preocupación es el desequilibrio en la formación universitarios. Por lo que denuncia que en los últimos años "han proliferado las facultades de veterinaria de una manera exagerada", fomentando casi exclusivamente la clínica de pequeños animales. Esta orientación ha provocado un exceso de clínicos en este ámbito concreto, empujando a muchos jóvenes veterinarios a emigrar para poder acceder a condiciones laborales dignas.

Mientras tanto, el sector de la producción animal sufre una situación opuesta, con "poco relevo generacional y escasez de profesionales para dar servicio a las necesidades de nuestras producciones".

`One Health' y visibilidad social, retos clave

Uno de los grandes retos de la profesión pasa por explicar a la sociedad el papel real que desempeñan los veterinarios. A su juicio, es imprescindible que la ciudadanía comprenda su función dentro del concepto One Health y su contribución directa a la preservación de la salud humana.

"Desempeñamos un papel clave en el control de las producciones animales, en la seguridad alimentaria y en los controles de la industria alimentaria, los mataderos, los mercados y las inspecciones sanitarias en puertos e industrias", afirma. Todo ello configura, según subraya, "un papel fundamental en la salud pública", que se suma al cuidado de los animales de compañía, hoy integrados en lo que define como "familias multiespecie".

La evolución social también ha modificado las exigencias del ejercicio clínico. Los veterinarios se enfrentan a clientes cada vez más informados y demandantes, lo que obliga a una "actualización científica constante", al refuerzo de las habilidades comunicativas y a una mejora urgente de las condiciones laborales de los veterinarios jóvenes.

El reconocimiento de la profesión es un eje de actuación del COVB, que difunde continuamente "las funciones de los veterinarios en salud animal, seguridad alimentaria y protección animal". También impulsa campañas en los medios y ofrece un servicio de atención a la ciudadanía. Igualmente, Mesià García agrega que desde la Junta del Colegio participan en actuaciones con entidades y autoridades "para la protección animal, ya que nuestra colaboración es esencial".

Por otro lado, llevan a cabo una estrecha colaboración con otros profesionales sanitarios que se enmarca en la estrategia One Health. Así, señala que han "establecido contactos con otras profesiones, como los médicos y los farmacéuticos e iniciado una serie de formaciones multidisciplinarias".

Recientemente, se ha firmado un convenio con el Consejo General de Médicos con el propósito de "iniciar grupos de trabajo para tratar temas de la salud humana, animal y ambiental, y así poder hacer seguimiento de enfermedades de transmisión y zoonosis".

Traspasar las barreras legales

Otro de los grandes desafíos señalados es la lucha contra las enfermedades emergentes, las zoonosis y las resistencias antibióticas, siempre desde una perspectiva One Health. En este sentido, reclama una legislación "más acorde con el ejercicio clínico en base a la ciencia veterinaria" y una revisión del régimen sancionador asociado a la normativa de los medicamentos veterinarios.

Del mismo modo, el presidente defiende la necesidad de "agilizar mediante herramientas digitales la enorme carga burocrática" que supone la gestión de historias clínicas, informes, certificados, recetas de antibióticos, registros obligatorios y residuos sanitarios. Asimismo, resalta la importancia de desarrollar una regulación específica para los auxiliares técnicos veterinarios, a quienes define como "una pieza fundamental en las clínicas veterinarias".

Vacunación antirrábica

En esta línea, uno de los posicionamientos más firmes del COVB se refiere a la vacunación antirrábica. Defienden que los movimientos internacionales de animales de compañía y la interacción con la fauna salvaje hacen imprescindible su implantación obligatoria en España.

A su vez, recuerdan que la rabia es una zoonosis letal y que "la vacunación debería ser obligatoria en todo el territorio español". Por lo tanto, el Colegio trabaja "para que en Cataluña se establezca obligatoriamente esta vacuna, siendo esta la única comunidad que queda sin la obligación de la vacunación antirrábica".

La crisis del `burnout'

En cuanto al síndrome de burnout, opina que "el agotamiento profesional por estrés crónico en el trabajo es un problema muy frecuente y serio, reconocido a nivel internacional", afectando a clínicos, estudiantes, auxiliares y personal técnico.

La elevada carga emocional derivada del vínculo con los animales y de la toma de decisiones "entre la vida y la muerte de los pacientes", junto con la presión económica, incrementa el riesgo psicosocial. Frente a ello, el COVB impulsa iniciativas como el programa Asís, en colaboración con la Fundación Galatea. "Apoyamos firmemente a los profesionales veterinarios para que puedan abordar enfermedades mentales o conductas de adicción", asegura. A ello se suman formaciones en autocuidado, bienestar emocional y self-care.

Promoviendo una mejor veterinaria

Además de reforzar las competencias en inteligencia emocional y comunicación asertiva, el colegio ha creado un Comité Científico integrado por veterinarios de reconocido prestigio, que organiza formaciones científicas impartidas por ponentes con el máximo nivel de especialización. Para Mesià García, "la nueva ciencia veterinaria exige una formación continuada basada en la excelencia".

Uno de los motivos que incentiva la formación continua es la incorporación de nuevas tecnologías, "mejorando la calidad de la atención animal, la eficiencia de los servicios y la toma de decisiones clínicas". Tal y como indica, "estos avances han permitido una veterinaria más precisa, preventiva y conectada". En paralelo, la digitalización ha permitido "una revolución tanto en el diagnóstico como en el abordaje de los tratamientos quirúrgicos", reduciendo riesgos mediante técnicas menos invasivas y más seguras. "La digitalización de la información clínica y de los sistemas de gestión permite un acceso rápido a los datos del paciente, mejora el seguimiento de los tratamientos y reduce errores administrativos", detalla, aunque exige una formación digital continuada.

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