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El contexto y los desafíos de la clínica veterinaria centraron uno de los debates celebrados este viernes en el 8º Forum AEDPAC, en el marco de Iberzoo Propet. Jaime Díaz, director comercial para España y Portugal en UNAVETS, ejerció como moderador. Recordó que nunca ha existido un vínculo tan fuerte entre las personas y ...
El contexto y los desafíos de la clínica veterinaria centraron uno de los debates celebrados este viernes en el 8º Forum AEDPAC, en el marco de Iberzoo Propet. Jaime Díaz, director comercial para España y Portugal en UNAVETS, ejerció como moderador. Recordó que nunca ha existido un vínculo tan fuerte entre las personas y los animales de compañía. Más del 50 % de los hogares conviven con uno y en España hay más de 30 millones de animales de compañía, "con todo lo que eso implica".
Hernán Fominaya, director médico del Hospital Veterinario AniCura VETSIA, apuntó que el foco debe situarse en el profesional veterinario, "que es el único que aquí se está quejando y que mantiene la clínica veterinaria". Beatriz Escribano, veterinaria con más de ocho años de experiencia en oftalmología veterinaria en España, México y Reino Unido, comentó que en otros países la profesión se percibe más valorada, con mejores condiciones de conciliación, salario y desarrollo profesional. "Lo bueno es que sabemos cuál es el problema", indicó. Inmaculada de la Escalera, veterinaria con más de 20 años ejerciendo su actividad profesional en diversas especialidades en la clínica independiente CV Mirasierra, coincidió en que el sector ha crecido mucho, pero que el desarrollo no siempre ha ido acompañado de una atención suficiente al profesional. A su juicio, es necesario hacer "autocrítica", ya que no se trata de una situación que vaya a resolverse a corto plazo.
Díaz planteó qué cambios serían necesarios para hacer la clínica veterinaria más atractiva. Para Fominaya, el problema parte de unas exigencias cada vez mayores. "Exigimos más y no soltamos la cuerda. Pensamos que la gente debe estar disponible las 24 horas", sostuvo. Escribano consideró necesario ampliar la mirada. Cuando se es joven se quiere innovar, mientras que quien lleva más tiempo puede pensar que determinadas ideas ya se han probado. Por ello, abogó por encontrar un lenguaje común entre generaciones, más aún cuando en una misma clínica pueden coincidir hasta cinco generaciones de profesionales.
De la Escalera planteó la importancia de transmitir ilusión a los nuevos veterinarios, dado el carácter vocacional de la profesión. Si esa motivación se pierde, advirtió, puede aparecer la frustración. Fominaya añadió que es necesario otorgar responsabilidades, pero "con un respaldo", mediante planes de carrera y formación. Escribano reflexionó que muchas veces no se han tenido herramientas para gestionar conversaciones con tutores cada vez más exigentes o con los propios equipos. Fominaya agregó que se trata de una tendencia social: se demandan más servicios, pero los profesionales no siempre perciben una remuneración acorde. "Tenemos que educar a nuestros clientes. Estos servicios son caros y hay que pagarlos", afirmó.
Durante el debate surgieron cuestiones como el liderazgo en las clínicas, la formación o el límite de los precios para los tutores. De la Escalera sugirió que, durante los primeros años, sería conveniente trabajar como veterinario generalista para aprender a comunicarse con el tutor antes de especializarse. Reconoció que al inicio de la carrera profesional no se puede aspirar al mismo salario que con experiencia, aunque observó que el problema aparece cuando, pasados unos años, esa implicación no se refleja en la retribución. Comentó que "la parte retributiva al principio no debe primar". Cuando empiezan a asumir más responsabilidades, hay que revisar sus sueldos.
Fominaya opinó que muchos veterinarios son buenos clínicos, pero no necesariamente buenos gestores. "Ser buen profesional no garantiza el futuro de la clínica. Nos hemos dado cuenta de que tenemos que ser líderes y gestionar equipos", puntualizó. En ese sentido, puso el acento en el papel de los auxiliares de clínica veterinaria, a quienes igualmente hay que cuidar. De la Escalera señaló que las clínicas independientes cuentan con menos margen de maniobra que los hospitales o los grandes centros. Escribano aseveró que en estos últimos cada auxiliar tiene funciones más definidas, lo que evita que el veterinario asuma tareas que no le corresponden.
Fominaya lamentó que la formación del auxiliar de clínica veterinaria en España sea insuficiente y remarcó que quienes destacan suelen hacerlo tras años de experiencia. "Al principio los tienes un poco para todo y se van soltando", comentó. A su entender, el problema radica en la ausencia de una formación reglada.
El debate abordó igualmente la relación con los tutores. "El día que se valore la limpieza de la boca del perro igual que la de un hijo pensaré que sanitariamente se le cuida igual. El problema es que, si consideras a tu mascota como un hijo, luego exiges al veterinario y vuelcas mucho estrés sobre él", alegó Fominaya. De acuerdo con sus palabras, esa visión conduce a demandas ilimitadas que generan presión sobre los profesionales.
De la Escalera incidió en que los veterinarios deben reflexionar sobre su papel en la comunicación con los tutores. "Es verdad que tenemos mucha responsabilidad, pero tenemos que hablar un poco más con ellos. El riesgo cero no existe", manifestó. Opinó que la empatía es positiva, pero que no debe perderse el equilibrio. Escribano coincidió en que el trato con el cliente puede resultar complejo. En una clínica independiente, explicó, cada consulta permite reforzar el vínculo con el tutor, mientras que en un centro de referencia ese vínculo debe construirse en mucho menos tiempo. Concluyó que el problema vuelve a situarse en la falta de formación durante la carrera, no tanto en la capacidad clínica como en las habilidades de comunicación.