El vínculo humano-canino gana fuerza: bienestar compartido, más prevención y un veterinario con un papel clave

La celebración del Día Internacional del Lazo Humano-Canino invita a reflexionar sobre cómo la relación entre personas y perros influye directamente en la salud física y emocional de ambos. En un contexto social donde los animales ocupan un lugar cada vez más relevante en los hogares, profesionales veterinarios destacan la importancia de una convivencia basada en la comunicación, la prevención y el respeto, así como el papel esencial del veterinario en acompañar y educar a las familias para construir vínculos estables y saludables.

Estado: Esperando

25/02/2026

El pasado 8 de noviembre se celebró el Día Internacional del Lazo Humano-Canino. Una fecha que impulsa una reflexión sobre cómo la relación entre personas y perros repercute directamente en la salud física y emocional de ambos. Y es que la conexión entre humanos y animales es cada vez más visible en la ...

El pasado 8 de noviembre se celebró el Día Internacional del Lazo Humano-Canino. Una fecha que impulsa una reflexión sobre cómo la relación entre personas y perros repercute directamente en la salud física y emocional de ambos. Y es que la conexión entre humanos y animales es cada vez más visible en la sociedad. Según la Asociación Nacional de Fabricantes de Alimentos para Animales de Compañía (ANFAAC), en España hay alrededor de 20 millones de animales de compañía, lo que refleja un cambio en la forma de entender la convivencia con los animales, más centrada en la compañía y el bienestar compartido. La relación con un perro aporta beneficios tanto físicos como emocionales, promoviendo comportamientos saludables y una mayor calidad de vida.

Como explica Ana Ramírez, directora veterinaria técnica de las clínicas Kivet, el objetivo es sensibilizar sobre los beneficios mutuos que aporta esta relación y promover una convivencia basada en el respeto, la comprensión y la responsabilidad. Desde empresas como Kiwoko y Kivet, se aprovecha esta fecha para reforzar la importancia del cuidado integral -salud, prevención, comunicación y bienestar emocional- y para recordar que el vínculo con un perro se construye cada día, a través de rutinas saludables y de tiempo compartido de calidad.

Así, desde su experiencia, la evolución de la percepción del perro como compañero de vida en la sociedad española ha sido notable. "En pocos años hemos pasado de una relación principalmente funcional a un vínculo afectivo y de convivencia. Hoy los perros ocupan un lugar central en los hogares: comparten rutinas, espacios y emociones con las personas. Este cambio refleja una mayor sensibilidad social hacia el bienestar animal y una demanda creciente de servicios veterinarios, educación canina y productos de calidad. La sociedad española ha dado un paso importante hacia la comprensión del perro como ser con necesidades físicas, emocionales y cognitivas que deben ser atendidas con la misma seriedad que las nuestras".

Papel clave

Como detalla Ramírez, "los veterinarios somos agentes clave de educación y prevención. Nuestro papel no se limita a tratar enfermedades, sino a guiar a las familias en cómo crear entornos saludables para ambos. Podemos ayudar a los tutores a entender las necesidades de sus animales, ofrecer pautas de conducta, nutrición y actividad, y fomentar la empatía a través del conocimiento. En definitiva, actuamos como mediadores entre la ciencia y la convivencia cotidiana, promoviendo una relación equilibrada y respetuosa".

Diversos estudios muestran beneficios físicos y psicológicos de convivir con perros. Desde el ámbito clínico, Ramírez apunta que, en la práctica diaria se perciben claramente los beneficios: "Las personas que conviven con perros suelen ser más activas, mantienen rutinas más estables y refieren menores niveles de estrés. A la vez, los animales que reciben atención, estimulación y afecto muestran menos signos de ansiedad y mejor salud general. En la clínica también se nota que quienes viven un vínculo positivo suelen ser más constantes con las revisiones y la prevención, lo que se traduce en un mayor bienestar conjunto".


Interacción diaria para generar bienestar

Así, Ramirez detalla que la ciencia confirma lo que muchos tutores experimentan a diario: compartir tiempo con un perro genera bienestar. "El contacto físico y la interacción social con ellos estimulan la liberación de oxitocina, la hormona del afecto, y reducen los niveles de cortisol, asociado al estrés. Esto se traduce en un estado emocional más estable, mejor regulación cardiovascular y una sensación general de calma. Pasear, jugar o simplemente convivir con un perro puede ser un factor protector frente a la ansiedad y la soledad".

Además, subrayan la importancia de la comunicación, la rutina y la prevención sanitaria como pilares de una convivencia saludable. En este contexto, expresa, en la práctica clínica, estos se traducen en acciones muy concretas que marcan la diferencia en la convivencia. Así, la comunicación es el punto de partida: ayudar al tutor a interpretar las señales del perro y a responder con coherencia y calma, reforzando las conductas adecuadas y evitando respuestas impulsivas o castigos.

Cuando existe una buena comunicación, el vínculo se fortalece y los problemas de comportamiento se reducen de manera significativa. La rutina aporta estabilidad emocional. Mantener horarios regulares de paseo, descanso y alimentación permite al perro anticipar lo que va a ocurrir, reduciendo la ansiedad y favoreciendo un equilibrio mental que también repercute en su salud física. Por último, la prevención sanitaria es el eje que sostiene todo el bienestar a largo plazo. Incluir revisiones periódicas, vacunaciones, desparasitaciones y chequeos adaptados a la edad o estilo de vida no solo evita enfermedades, sino que permite detectar a tiempo posibles alteraciones antes de que se conviertan en un problema grave. Estos tres elementos, integrados en el día a día del tutor con la guía del veterinario, garantizan una convivencia más armónica y saludable, recomienda.

En cuanto a la comunicación positiva, las pautas básicas deberían transmitirse a los tutores desde la clínica veterinaria. Asimismo, "es fundamental enseñar a comunicarse desde la calma y la coherencia. Reforzar conductas deseadas, evitar castigos físicos o gritos y respetar los espacios del animal. También debemos explicar las señales de calma mirar hacia otro lado, lamerse, bajar la cabeza-, que son intentos del perro por mantener la armonía. Comprenderlas ayuda a prevenir conflictos y mejora la confianza mutua".

Por otro lado, le preguntamos de qué manera una rutina estable contribuye a la prevención de problemas de comportamiento o ansiedad en el perro. En este sentido, apunta Ramírez, la previsibilidad da seguridad: "Un perro que sabe qué esperar cada día se siente más tranquilo y equilibrado. Las rutinas reducen la incertidumbre y evitan la frustración que suele estar detrás de muchas conductas problemáticas. Además, una estructura diaria coherente permite detectar antes cualquier cambio en el comportamiento o la salud, facilitando la intervención temprana".

Ejercicio conjunto

Como apuntan, el ejercicio conjunto refuerza el vínculo, mejora la condición física y estimula la mente de ambos. Así, insisten, los paseos son mucho más que una necesidad fisiológica: son un espacio de comunicación y exploración compartida. Jugar, entrenar o practicar actividades al aire libre potencia la confianza mutua y reduce el estrés. En definitiva, el movimiento y la interacción son medicinas naturales para cuerpo y mente.

Según Ramírez, el veterinario debe ser un aliado en la educación y acompañamiento en la construcción de este vínculo saludable. "En cada visita tenemos la oportunidad de escuchar, orientar y acompañar. Podemos ofrecer pautas de manejo, derivar a educadores caninos o a un experto veterinario en comportamiento cuando sea necesario y fomentar la prevención en lugar de la corrección tardía. Nuestro rol educativo es esencial para construir relaciones más conscientes y duraderas entre personas y animales".

Más allá del control sanitario básico

Ramírez describe que las revisiones preventivas deben ir más allá del control rutinario y contemplar la salud del perro desde un enfoque integral.

Además del calendario de vacunas y los tratamientos antiparasitarios, explica, es recomendable realizar una revisión completa al menos una vez al año, que incluya exploración física, analíticas, control del peso y evaluación de la salud dental. A medida que el animal envejece, estas revisiones deben volverse más frecuentes, incorporando chequeos geriátricos que permitan vigilar parámetros como la función renal, endocrina, cardiaca o articular.

También resulta fundamental valorar aspectos conductuales y ambientales, especialmente en momentos de cambio como mudanzas, llegada de nuevos miembros a la familia o alteraciones del comportamiento. Del mismo modo, la nutrición merece una revisión periódica, adaptando la dieta a cada etapa vital y nivel de actividad. En definitiva, el bienestar integral se logra cuando el veterinario evalúa no solo la ausencia de enfermedad, sino también la calidad de vida, el entorno y el equilibrio emocional del animal.

Más demanda

Ramírez señala que han detectado un cambio en la demanda de servicios veterinarios más especializados. Además, los tutores buscan atención personalizada, prevención avanzada, asesoramiento nutricional y seguimiento conductual. También se observa una mayor implicación emocional y una preocupación real por la calidad de vida del animal. Esto es positivo, pero plantea el reto de equilibrar la sensibilidad afectiva con una gestión responsable basada en la evidencia científica, especifica.

En cuanto a los principales retos para consolidar una convivencia verdaderamente saludable entre humanos y perros en España comenta que "son la educación, la planificación y la coherencia social. Aún persiste el abandono, la falta de formación sobre comportamiento y el desconocimiento de las necesidades reales de los perros. También es necesario mejorar la integración urbana -más espacios adecuados, transporte, normativa coherente- y promover la adopción responsable. La convivencia saludable requiere compromiso individual y políticas públicas que acompañen ese cambio cultural".

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