IM VETERINARIA #67

79 En los últimos años, su presencia ha crecido y se ha diversificado, y cada vez se les puede ver más acompañando a personas tanto en lo referente a la movilidad como para ayudarles en terapias de salud mental o de acompañamiento terapéutico. Sin embargo, este avance convive con una realidad desigual: mientras algunas comunidades autónomas (CC. AA.) han desarrollado marcos legales y programas sólidos, otras apenas cuentan con regulación o recursos, generando un mapa fragmentado que condiciona el acceso de los usuarios. De hecho, un estudio realizado por Discan, Kuné Perros de Ayuda Social y Dog Training International (DTI) sobre la situación del perro de asistencia en España revela que Madrid, Cataluña y Andalucía concentran más del 37 % de los perros asistentes acreditados del país, mientras que la mitad de las CC. AA. no superan ni el 1 %. El 75 % de los perros acreditados son perros guía, si bien lo más preocupante es que, según el informe, Aragón y Extremadura son las únicas CC. AA. que no cuentan con ningún perro oficialmente acreditado. Asimismo, se subraya que, en nuestro país, hay menos de un perro de asistencia por cada 100.000 personas con discapacidad. El estudio se presentó, el pasado mes de octubre, en la II Jornada Nacional sobre los Perros de Ayuda Social, que contó con la participación de Purina, que mostró las actividades que llevan a cabo para favorecer la salud de las personas a través del vínculo humano-animal. Unas cifras que destacan la urgente necesidad de mejorar tanto la infraestructura como los procesos de acreditación, que, debido a la ausencia de criterios comunes y un registro estatal actualizado, varían considerablemente según cada CC. AA. Un desfase que provoca que, en algunas regiones, el proceso de obtención de un perro de asistencia sea muy lento o, en ocasiones, inexistente. En este sentido, Elisenda Saperas, veterinaria y responsable de Comunicación en Purina España, afirma que, si bien el avance en este ámbito es positivo, sigue siendo bastante desigual, ya que muchas CC. AA. cuentan con marcos muy actualizados a la vez que otras continúan trabajando en adaptarse a las nuevas realidades y tipos de perros de asistencia. “Los retos pendientes son claros. Es necesaria una normativa homogénea en todo el territorio, que reduzca confusiones y facilite la movilidad de los usuarios; es importante el reconocimiento oficial de nuevas categorías, como perros de alerta médica o perros de intervención social, que hoy no siempre encajan en la legislación tradicional; y, por supuesto, es necesario incrementar la formación y la información a profesionales. Pero, fundamentalmente, a la ciudadanía porque muchas incidencias no vienen por mala voluntad, sino por desconocimiento”, matiza. Porque, como comenta la responsable de comunicación en Purina, siguen existiendo barreras sociales o culturales a las que todavía se enfrentan los usuarios de perros de asistencia en España. “Por ejemplo, el desconocimiento del derecho de acceso en comercios, transporte y restauración; la confusión entre perro de asistencia y perro de terapia, cuyas funciones son muy distintas; el estigma hacia la discapacidad, que sigue influyendo en la experiencia diaria de muchas personas; o la falta de formación de personal de atención al público”, entre otras. Sensibilización social De ahí que la participación de Purina España en la II Jornada Nacional sobre los Perros de Ayuda Social se centrara, entre otros aspectos, en el apoyo al ecosistema de entidades que trabajan con perros de ayuda social, en una mesa de trabajo dedicada a la construcción de alianzas entre entidades, administraciones y empresas privadas. “El objetivo era reforzar el mensaje de que el bienestar de los perros de ayuda social es inseparable del bienestar de las personas a las que apoyan”. Aparte de impulsar la colaboración entre todos los actores implicados para avanzar hacia un marco más sólido y el reconocimiento real de su labor. La conclusión principal de las jornadas fue la necesidad de un modelo estatal de coordinación, registro y financiación que garantice igualdad de acceso en todo el territorio, manteniendo como ejes el bienestar animal y los derechos de las personas usuarias. Fundamentalmente, porque los perros de asistencia aportan innumerables beneficios en su vida cotidiana a las personas que tienen alguna discapacidad. Tal y como señala Elena Saperas, la ayuda de los perros de asistencia aumenta la autonomía personal en tareas como abrir puertas, recoger objetos, dar avisos o acompañar en desplazamientos; reducen la ansiedad y mejoran las gestiones emocionales, especialmente en personas con TEA, trastornos de estrés postraumático o problemas de comunicación; aumentan la seguridad, por ejemplo, con perros de alerta médica o perros guía; “pero, sobre todo, mejoran la integración social, ya que actúan como puente en interacciones cotidianas. En resumen, contribuyen a mejorar la calidad de vida de forma integral: física, emocional y social”, concluye. Para ello, el papel tanto de las asociaciones como de las entidades especializadas en la integración de estos animales es fundamental, ya que, entre otras funciones, realizan la selección, crianza, socialización, entrenamiento y seguimiento de los

RkJQdWJsaXNoZXIy NTI5ODA=