61 cha fuerza en la sociedad y el sector. Por eso es fundamental también hacer una labor de formación y divulgación enfocado tanto a profesionales como a los tutores.En relación con los tipos de casos o diagnósticos que suelen llegar tarde a consulta y sobre cómo mejorar la detección precoz en la práctica diaria, insiste en que muchas situaciones de agresividad de perros hacia otros perros no aparecen de forma repentina, sino que el animal va mostrando pequeñas señales que, si no se identifican a tiempo, acaban escalando progresivamente. “Si desde que empieza un problema lo intentamos abordar, el pronóstico siempre es mucho más favorable”, explica, y añade que otro tipo de casos frecuentes se ven en cachorro: “Hablamos de ciertas conductas que asumimos que son normales en un cachorro -incluso algunas de ellas pueden llegar a hacernos gracia-, como por ejemplo un perro que persigue ciclistas. Pero que, cuando el perro ya es adulto, se convierten en un problema de comportamiento. Para evitar estos problemas, el papel de los veterinarios clínicos es fundamental, ya que a menudo tienen un trato más estrecho y frecuente con los perros y sus tutores, y pueden detectar conductas indeseadas desde etapas más tempranas”. Investigando Uno de los aspectos a investigar en el avance de la etología veterinaria serían protocolos y herramientas de evaluación lo más objetivos posibles, para lograr un diagnóstico lo más certero posible y afinar más en los tratamientos. También sería prioritario, incide, llegar a consensos claros y estandarizados, sobre el abordaje de los diferentes problemas de conducta. “Desgraciadamente disponemos de pocas herramientas de evaluación, y tenemos que utilizar más la observación directa y los conocimientos adquiridos. Sí que hay ciertas alteraciones como, por ejemplo, el hipotiroidismo, que se ha visto que puede provocar cambios en el comportamiento del perro como agresividad y apatía, entre otros”. En cuanto a la colaboración interdisciplinaria en casos complejos entre veterinarios etólogos y otros especialistas, Pahisa cree que es fundamental. “Muchas veces nos encontramos problemas que tienen un origen multifactorial o, por ejemplo, tenemos un problema de comportamiento que se ve empeorado por un problema orgánico subyacente. En estos casos, si intentamos tratar solo el tema conductual sin tratar el problema orgánico, nunca conseguiremos solucionarlo del todo. Y al revés, si solucionamos el problema orgánico, pero no hacemos ningún tratamiento comportamental, fácilmente la conducta se mantiene porque el animal hace un aprendizaje que se mantiene en el tiempo. Por eso, animo a todos los colegas del sector a colaborar entre ellos, mantener una comunicación activa y referir, si es necesario, a otros veterinarios”. ¿Por dónde pasa el futuro? “Con el aumento del número de perros y gatos, junto al incremento de la concienciación de los tutores a la hora de tener un animal, creo que será un sector en expansión. Por eso, cada vez será necesario que haya más veterinarios especializados en este ámbito”, opina Pahisa, quien insiste en que “hay que aumentar la formación en etología dentro el grado de veterinaria, apostar por la investigación y fomentar la colaboración interdisciplinar”. Al preguntarle por el papel que juegan las clínicas y los hospitales veterinarios en la promoción del bienestar emocional y mental de los animales de compañía además de su salud física, el experto destaca que desempeñan un papel clave en la promoción del bienestar emocional al integrar la evaluación conductual en la práctica clínica habitual. “Además del abordaje de la salud física, pueden minimizar el estrés asociado a la atención veterinaria, identificar de forma precoz alteraciones del comportamiento, educar a los tutores sobre necesidades etológicas y establecer estrategias preventivas. Esta integración permite una atención más completa, mejora la calidad de vida del paciente y de los tutores”. Por eso, reitera, “sería interesante que en los estudios de veterinaria se dedicara más tiempo al comportamiento animal, para que los veterinarios clínicos tengan una formación más completa en este ámbito”. Como mensaje dirigido a sus colegas veterinarios sobre la importancia de integrar la medicina del comportamiento en la práctica general, subraya que esta disciplina “no debería entenderse como un complemento, sino como una parte de la clínica diaria”. “Muchos problemas de conducta son la primera o única manifestación de dolor, enfermedad o estrés crónico. Integrarla en la práctica general mejora el bienestar del paciente, fortalece el vínculo con los tutores y reduce frustraciones clínicas, porque permite abordar el problema de forma completa y no solo apagar la conducta”. Ofrecer calma Son muchos años ya dedicados a la etología veterinaria, pero Pahisa tiene claro lo que más le apasiona de su trabajo: “Ver cómo ayudamos a familias y a sus perros a mejorar su calidad de vida”. “Un día -explica- un cliente nos hizo una reflexión que me parece muy interesante: nos dijo que al final nosotros lo que ofrecemos a la gente es calma y tranquilidad. Nosotros de primeras nos sorprendió y le preguntamos por qué. Y nos explicó que, antes de trabajar los problemas de comportamiento con su perro, para él eran muy estresantes la convivencia en casa y las salidas a la calle. Al mejorar todos estos aspectos, le permitió estar en casa y salir a los paseos de manera mucho más relajada y tranquila, y realmente poder llegar a disfrutar de la compañía de su perro”. Así, profundiza, “la mayoría de gente que tiene perro es porque le gusta compartir momentos con ellos. Pero es verdad que a menudo se puede complicar. Ayudar a la gente a estar más tranquila y poder disfrutar de su perro es lo que más me gusta, así como ayudar a los perros también a disfrutar de su vida con su tutor/a”. Finalmente, concluye destacando la importancia de la salud física y la emocional: “Un perro con estrés crónico o una fobia a la calle sufre igual o más que un perro que pueda tener, por ejemplo, diarreas crónicas. Por eso, es importante darle la importancia que se merece a la medicina del comportamiento y, entre todos los profesionales del sector, remar juntos para mejorar la calidad de vida de todos los animales y sus tutores”.
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