60 un problema de conducta, siempre se realiza una exploración física y una recogida de información para realizar la evaluación etológica. Si el perro muestra una buena condición física y el problema de conducta responde de forma coherente al entorno en el que se encuentra, consideran que el problema es exclusivamente comportamental. Si, en cambio, la respuesta aparece sin un detonante evidente, es de una intensidad muy elevada o se observa algún tipo de alteración en la exploración física, se recomienda realizar pruebas médicas para descartar posibles patologías que puedan estar influyendo en el comportamiento del animal. En definitiva, la etología implica trabajar estrechamente con las familias de los pacientes. Así, las estrategias que utiliza para mejorar la comunicación con los propietarios y asegurar adherencia a los planes de modificación conductual son, en primer lugar, intentar ser lo más claros y transparentes en cuanto al problema y al pronóstico. Y, una vez iniciado el trabajo, se intenta realizar planes muy detallados y lo más estructurados posibles (en cuanto a ejercicios, tiempo de dedicación, etc.). Así los tutores pueden implementarlo dentro de sus rutinas sin que les suponga una excesiva carga de trabajo. Además, Pahisa destaca que, en la primera sesión, pactan los objetivos y el nivel de implicación con los tutores. Remarcando la necesidad de trabajo por su parte para que el problema mejore. Educar también al tutor Para el experto, la educación del tutor es un pilar fundamental en la prevención de problemas de comportamiento a largo plazo. “Un tutor informado puede cubrir mejor las necesidades etológicas del animal, interpretar de forma adecuada sus señales de comunicación y aplicar un manejo coherente desde etapas tempranas. Esto reduce la aparición de conductas problemáticas, favorece la adaptación del animal a su entorno y contribuye a una relación humano–animal más estable y saludable”. Pahisa añade que, “de hecho, nuestra labor en la gran mayoría de casos, se basa más en educar y enseñar a los tutores y no directamente al animal. Al final ellos deben ser los encargados de aplicar las pautas de manejo en su día a día tanto para prevenir como para tratar posibles problemas de conducta”. En cuanto a los principales retos clínicos que enfrenta la etología veterinaria en España hoy, Pahisa asegura que, en primer lugar, sería ganar credibilidad:“Como es un sector más desconocido, mucha gente no nos da la credibilidad como se la da al veterinario clínico en consulta, así que tendremos que trabajar para aumentar nuestro reconocimiento en el sector veterinario”. Otro reto, insiste, sería aumentar el consenso en cuanto a las metodologías de trabajo entre los veterinarios y profesionales del sector, e incrementar la investigación para validar métodos, tanto diagnósticos como protocolos de actuación. “Mejorando estos dos puntos, podríamos dar un gran salto en el abordaje de muchos problemas conductuales, que actualmente no tiene un protocolo claro a seguir”, valora. En cuanto al peso que tienen los factores ambientales y de manejo frente a los genéticos o médicos en los casos que recibe, apunta que depende mucho de cada caso. “Al final no es lo mismo cuando delante tienes un cachorro o un perro ya adulto, tampoco es lo mismo un perro en un entorno rural que uno en un medio urbano, etc,. Por otro lado, también depende mucho del problema de conducta. Por ejemplo, se ha visto que el miedo tiene un gran componente genético y, en cambio, hay otros problemas donde la genética no juega un papel tan importante. Sean unos u otros, lo más importante es intentar identificar qué factores están fallando en cada animal, e intentar hacer un abordaje individualizado para cada animal”. Problemas recurrentes En relación con el impacto que tiene la proliferación de información no avalada científicamente -procedente de Internet, redes sociales o adiestradores no clínicos- en el ejercicio del veterinario etólogo, Pahisa señala que esta situación les afecta de manera similar a otros ámbitos de la vida cotidiana. El acceso tan fácil e inmediato a la información lleva a buscar respuestas de forma casi automática en Internet, muchas veces sin contrastar ni verificar su veracidad. “En nuestro sector, además, un problema añadido, es que la formación en educación canina, no es una formación reglada y bien regulada, así que dentro de todo el abanico de formación y de personas que se ofrecen como educadores caninos, puedes encontrar de todo, gente con una gran formación y experiencia, y otros sin ella que ofrecen igualmente sus servicios como educadores caninos”. Otro problema, explica, es el mantenimiento de ciertas teorías, ya obsoletas, como la teoría de la dominancia en el perro, que aún tienen mu-
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