35 Con 27 años de experiencia en la veterinaria, Inmaculada Albert dirige la Clínica Veterinaria Calabazas, en el centro de Valencia. Acompañada por otra veterinaria y una auxiliar-peluquera, su clínica se caracteriza por un trato cercano y familiar que los clientes valoran. Inmaculada Albert se enorgullece de ofrecer “un trato muy familiar” en su clínica, que describe como “de barrio”. En este sentido, sostiene que “nos gusta ofrecer cercanía a nuestros clientes y sus mascotas, algo que siempre nos agradecen: conocer a sus cachorros e ir viendo cómo crecen y van haciéndose mayores, acompañándoles en los problemas que vayan surgiendo y en los momentos que debemos remitir a compañeros especialistas, van siempre ‘de nuestra mano’’. Considera que la situación de la profesión es complicada, “con tantos frentes abiertos a los que sumamos la modificación del Real Decreto Legislativo 1/2015 y la derogación del Real Decreto 666/2023, para la que estamos recogiendo firmas”. Sin embargo, destaca un aspecto positivo: “Lo que saco de bueno de todo esto es que ha promovido la unión entre nosotros, entre compañeros, que siempre nos quejábamos de que faltaba”. Mantiene una visión optimista respecto al reconocimiento de la profesión por parte de los clientes, quienes, “hoy en día, nos conocen mejor, están más concienciados de lo que es un veterinario y muchas veces lo comparan con sus pediatras o médicos de cabecera”. Lo valora como un factor positivo porque “entienden que estamos formados y continuamos formándonos, que nos implicamos, que queremos lo mejor para ellos y confían, la gran mayoría, en nuestro criterio”. Entre los retos de la profesión, relata la presión de la inmediatez. “Estamos en la sociedad de la inmediatez: todo debe ser ya, para ya. Hay que educar al tutor en que esto es imposible hacerlo siempre, que muchas cosas llevan sus tiempos y hay que respetarlos”, reflexiona. También destaca la dificultad de mantenerse actualizado ante “lo rápido que avanza todo y la gran cantidad de cursos, ‘elearnings’, charlas, estudios, etc., que nos ofrecen a diario”. Por lo tanto, asegura que “es imposible llegar a todo y toca seleccionar”. La carga laboral y el estrés son un problema constante. “Si ya de por sí estamos en una sociedad en la que vamos todos acelerados, en nuestro día a día tenemos mucha faena entre pasar consulta, hablar con tutores, rellenar historiales, hacer pruebas necesarias, estudiar casos, subir al RIVIA las rabias, los microchips, hacer salidas de productos, hacer pedidos, formarte, actualizarte, etc. Sólo nos faltaba el PRESVET. Faltan horas, faltan días, esa es la sensación”, puntualiza. A los futuros veterinarios, les recuerda que “es la profesión más bonita que hay”. Lo dice una veterinaria que “desde cría quise serlo por vocación”. A pesar de los retos, “vale la pena. Aaunque tiende a romantizarse, es dura, pesada, donde te implicas mucho y hay que estar preparado”. Como conclusión final, lanza un mensaje al sector para que “sigamos apoyándonos entre nosotros, que esto no se pierda porque, quién, si no, va a defender mejor nuestra profesión”. Inmaculada Albert (Clínica Veterinaria Calabazas, Valencia) “LA SITUACIÓN DEL SECTOR ES COMPLICADA, CON TANTOS FRENTES ABIERTOS A LOS QUE SUMAMOS LA MODIFICACIÓN DEL REAL DECRETO LEGISLATIVO 1/2015 Y LA DEROGACIÓN DEL REAL DECRETO 666/2023”
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