34 Eliseo A. Zuriaga Sanchis (AÚNA Especialidades Veterinarias - IVC Evidensia, Valencia) Especializado en dermatología veterinaria tras 20 años en la profesión, Eliseo A. Zuriaga Sanchis ha dedicado gran parte de su vida a la docencia, transmitiendo sus conocimientos a nuevas generaciones de veterinarios. Ante la compleja situación del sector en España, remarca que la llegada de grupos de inversión en los últimos años, en su mayoría extranjeros, “cambió el modelo de organización y funcionamiento de la mayoría de grandes hospitales veterinarios, mejorándolo en la parte administrativa y económica mediante la incorporación de profesionales en la gestión, una aptitud que la mayoría de veterinarios de mi generación no tenía especialmente entrenada”. Otro cambio relevante ha sido la implementación del Convenio Colectivo de Centros y Servicios Veterinarios en 2020, que “supuso una dignificación de la profesión necesaria”. No obstante, advierte que la vocación por la medicina de animales de compañía ha disminuido entre las nuevas generaciones, generando escasez de profesionales en ciertas zonas. “Durante los últimos años, encontrar médicos veterinarios a los que emplear se ha convertido en una odisea”, comenta. Se considera afortunado en cuanto al reconocimiento profesional: “Estudié la profesión por vocación, encontré en la especialización -dermatología veterinaria- mi pasión, y en la docencia (compartir mis conocimientos) mi ‘ikigai’”. A pesar de ello, reconoce que la población aún desconoce la dimensión sanitaria de su trabajo: “La gente, en general, se sorprende de que hayan ‘dermatólogos veterinarios’, y creo que es por un desconocimiento de nuestra profesión y la ignorancia de no tenernos como profesionales sanitarios”. Opina que es esencial adaptarse a la nueva generación de veterinarios: “El principal reto creo que es ‘enganchar’ con la generación actual. La juventud valora más lo que realmente importa de la vida, su tiempo y la calidad de este, y se muestran más exigentes en cuanto a las condiciones laborales. Pero muchos de los mejores jóvenes médicos veterinarios emigran al norte en busca de mejor reconocimiento, por lo que estamos perdiendo calidad en nuestros profesionales”. También alerta sobre la carga laboral y el estrés, ya que “nuestra profesión implica una gran carga emocional, la responsabilidad de la vida de uno de los miembros de una familia está en nuestras manos, y así se nos exige”. Sin embargo, “en muchas ocasiones, no tenemos los medios, los conocimientos ni el tiempo necesarios”. Advierte que estas condiciones han contribuido al burnout y a la pérdida de vocación entre nuevas generaciones. “Si realmente quieres ser médico veterinario, estudia y sé veterinario. Si finalmente la vocación desaparece, la carrera ofrece múltiples salidas: fauna silvestre, investigación, industria alimentaria, producción animal o servicio público”, aconseja a los futuros veterinarios. Añade que la formación continua y la pasión por la profesión son claves para disfrutar y prosperar en este camino. Por último, envía un mensaje de ánimo a sus compañeros: “A pesar de que seamos tan profesionales como cualquier otro sanitario, incluso con más ‘piedras en el camino’, no dejemos de seguir mejorando, con la cabeza bien alta, tal y como lo hemos hecho en las últimas décadas, pues es el mejor camino para dignificar la profesión, y creo que nos lo merecemos”. “MUCHOS DE LOS MEJORES JÓVENES MÉDICOS VETERINARIOS EMIGRAN AL NORTE EN BUSCA DE MEJOR RECONOCIMIENTO”
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