32 Herminia González-Albo Guimerá (Animalets Clínica Veterinaria, Castellón) Mantener una clínica veterinaria en marcha va mucho más allá de atender animales; implica gestionar, formar, escuchar y, sobre todo, resistir la presión diaria de un sector exigente. Herminia González-Albo Guimerá, gerente de Animalets Clínica Veterinaria en Castellón, señala la necesidad de unir al colectivo y aprender a marcar límites para que la pasión por la profesión no se apague. Uno de los muchos problemas de la profesión es que “el sector veterinario en España está muy fragmentado según el ámbito profesional”. Por un lado, “muchos veterinarios buscan la estabilidad de la Administración pública, aunque existen pocas plazas y muchísimos aspirantes” y, en el ámbito productivo, “la ganadería atraviesa una clara merma”. Igualmente, en la clínica, especialmente de pequeños animales, “todavía no se valora suficientemente el esfuerzo que supone mantener un negocio, asumir una formación continua y responder a la creciente exigencia de los tutores de mascotas”. Advierte que a esta situación se le suma “una elevada carga de trabajo y una asfixiante burocracia administrativa que limita el ejercicio del criterio clínico”. El reconocimiento como profesional sanitario depende del contexto. La especialista lo siente por parte de sus clientes, pero “ha sido el resultado de muchos años de trabajo y de explicar todo lo que implica gestionar una clínica y ser autónoma”. En este sentido, agrega que “la veterinaria es una profesión que no siempre está reconocida como sa- “ES FUNDAMENTAL CAMINAR EN LA MISMA DIRECCIÓN, ENTENDER LA PROBLEMÁTICA DE TODOS LOS SECTORES Y PRACTICAR LA ESCUCHA ACTIVA ENTRE COMPAÑEROS” nitaria, salvo cuando interesa, en la que a menudo se asume que, por vocación, deberíamos trabajar gratis, y que además soporta un IVA considerado de lujo”. Identifica varios retos fundamentales del sector, como “la unidad del colectivo veterinario, independientemente de la disciplina en la que se ejerza”, por lo que “es fundamental caminar en la misma dirección, entender la problemática de todos los sectores y practicar la escucha activa entre compañeros”. Además, subraya la importancia de poner en valor el trabajo propio y de establecer límites, ya que “la sobrecarga emocional acaba desgastándonos y, en muchos casos, empuja a abandonar la profesión”. La carga laboral y el estrés son cuestiones que conoce de primera mano. “Como propietaria de una clínica veterinaria en la que soy la única trabajadora, asumo todas las funciones: gestión, clínica, administración, etc. La carga laboral es muy elevada, pero con los años he aprendido a decidir cómo quiero trabajar y a poner límites para no quemarme, porque realmente me apasiona mi profesión”, detalla. Para mantener la motivación, explica que ha diversificado su actividad, lo que, “aunque me mantiene ocupada, me permite ampliar perspectivas y mantener la motivación”. A los futuros veterinarios, les aconseja: “Si sienten verdadera vocación, adelante con la carrera, pero siendo conscientes de que la formación es continua y nunca termina. No es fácil emprender, y como asalariado hay que estar dispuesto a empezar desde cero, con ganas de trabajar y seguir aprendiendo”. En paralelo, añade que “es imprescindible contar con una afición o válvula de escape para desconectar, porque en nuestro día a día se nos exige resolverlo todo como si tuviéramos control absoluto sobre la vida, la muerte, los plazos o la legislación vigente”. Para concluir, hace un llamamiento a la mejora del sector, destacando la necesidad de “avanzar hacia un mayor reconocimiento de la profesión veterinaria como parte fundamental del sistema sanitario, así como de mejorar las condiciones en las que ejercemos”. También insiste en que “reducir la carga burocrática, respetar el criterio clínico y fomentar la unidad del colectivo son aspectos clave para garantizar una veterinaria sostenible y de calidad”.
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