29 La veterinaria de animales de compañía en España se transforma por la profesionalización acelerada del sector y la adaptación a un marco normativo cada vez más exigente. Así lo describe Marina Bujosa Díaz, asesora clínica del Col·legi Oficial de Veterinaris de Barcelona (COVB), que durante más de trece años ejerció como veterinaria generalista en clínica antes de dar el salto a un ámbito de asesoramiento profesional. En base a lo que ha vivido, comenta que “estamos en un momento de profesionalización acelerada y de adaptación a un marco normativo mucho más exigente”. Esta evolución ha ido acompañada de un cambio en el mapa de centros veterinarios. “El modelo de pequeñas clínicas independientes pierde terreno frente a la concentración en grandes grupos y hospitales”, una transformación que permite mayor inversión tecnológica, pero que implica también “la pérdida de proximidad y calidez con el tutor del animal”. A pesar de esta expansión, advierte que “las condiciones salariales y laborales siguen siendo la asignatura pendiente del sector”. El reconocimiento profesional sigue siendo una de las principales demandas del colectivo. Aunque recientemente ha cambiado de rol, su trayectoria clínica le permite afirmar que no se siente suficientemente reconocida como profesional. Para la especialista, “no existe un reconocimiento proporcional a la responsabilidad y exigencia que el Estado y la sociedad imponen al colectivo veterinario”. A ello se suma que “a menudo, se percibe al veterinario de clínica como un ‘cuidador de mascotas’ más que como un profesional que previene enfermedades zoonóticas”. Uno de los ejemplos más claros de esta falta de reconocimiento institucional es la fiscalidad. “La mayoría de servicios veterinarios siguen gravados con un 21 % de IVA frente al 10 % o la exención de otras profesiones sanitarias”, denuncia. Asimismo, pese a la aceptación teórica del enfoque One Health, “los veterinarios rara vez ocupan puestos de decisión en los ministerios de Sanidad o en la gestión de crisis sanitarias”, una invisibilidad que repercute tanto en el prestigio social como en la capacidad de influir en las políticas públicas. Entre los desafíos de la profesión, destaca “la implementación real del enfoque ‘One Health’” y el reconocimiento del papel del veterinario en la “prevención de futuras pandemias y en la lucha contra la resistencia antimicrobiana”. Igualmente, considera grave “la crisis de salud mental y el agotamiento estructural”. Un elevado número de profesionales manifiesta síntomas de estrés crónico, derivados de “la exposición constante al sufrimiento animal, la presión de los tutores y la dificultad para gestionar el duelo”, factores que están provocando el abandono prematuro de la clínica asistencial. A ello se suman los efectos de determinadas normativas. “La implementación del Real Decreto de Medicamentos Veterinarios ha generado una carga administrativa y de presión importante”, en una profesión ya de por sí muy exigente. Otro problema clave es la falta de personal porque “la fuga de talento hacia la industria, la administración pública o incluso el abandono de la profesión por las precarias condiciones salariales está dificultando dar un buen servicio a la sociedad”. En este escenario, enfatiza también la necesidad de “regular la profesión de auxiliar técnico veterinario (ATV), una pieza clave para el buen funcionamiento de los centros”. El impacto de la carga laboral, el estrés y el burnout sobre el bienestar profesional son “los principales causantes de que muchos profesionales bien cuaMarina Bujosa Díaz (Col·legi Oficial de Veterinaris de Barcelona, Barcelona) “EL MODELO DE PEQUEÑAS CLÍNICAS INDEPENDIENTES PIERDE TERRENO FRENTE A LA CONCENTRACIÓN EN GRANDES GRUPOS Y HOSPITALES” lificados dejen la profesión prematuramente”. La veterinaria implica conflictos éticos constantes porque “muchas veces no se puede salvar una vida porque el tutor no puede asumir el coste del tratamiento”, lo que genera una “frustración profunda”. Las eutanasias frecuentes, las largas jornadas y la multitarea continua del “veterinario, psicólogo, gestor administrativo” dificultan la conciliación y la desconexión emocional. Pese a tener que afrontar muchos desafíos, mantiene que “es una profesión muy vocacional que implica constancia, esfuerzo y un gran trabajo mental y emocional”, animando a los futuros veterinarios a “explorar todas las salidas profesionales y mantener la mente abierta”. Por último, concluye con optimismo que “aunque el sector atraviesa tiempos de cambio, estoy convencida de que saldremos con una profesión más sólida y dignificada”, sustentada en mejores condiciones laborales y en un reconocimiento social acorde a su papel esencial en la salud pública global bajo el enfoque One Health.
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