26 Carla Roch (Hospital Veterinari de Catalunya, Barcelona) La práctica diaria en dermatología veterinaria ofrece una perspectiva privilegiada sobre la evolución técnica de la clínica de pequeños animales y, al mismo tiempo, sobre las dificultades estructurales que arrastra la profesión. Desde esa doble mirada ejerce Carla Roch, veterinaria con dedicación en dermatología que compatibiliza esta labor con tareas de clínica general, una combinación que le permite conocer de primera mano tanto la alta especialización como la realidad asistencial cotidiana. En su opinión, el sector “sufre un momento de mucha demanda de profesionales debido a la huida del mundo de la clínica de muchos de ellos”. Una salida motivada hacia “otras ramas de la veterinaria, o incluso a otros sectores, debido a las malas condiciones de sueldo, horario y carga de trabajo”. Esta situación tensiona aún más a los equipos clínicos que permanecen en primera línea asistencial. Para Carla Roch, el problema de la falta de reconocimiento como profesionales sanitarios es de base social e institucional porque “la sociedad sigue sin reconocer al veterinario como personal sanitario”. En este contexto, defiende la necesidad de reforzar el enfoque One Health, según el cual “se debería educar en las escuelas, pero sobre todo a la población que ya no está en ellas”. Y va un paso más allá al señalar que sería posible “para empezar, perteneciendo al Ministerio de Sanidad, y no de Agricultura”. Entre los grandes retos de la profesión, destaca la colaboración efectiva con el campo de la medicina humana para conseguir el objetivo común de que “el IVA y el concepto de ‘medicina de lujo’ desaparezcan”. A su juicio, ambos factores condicionan la percepción social de la veterinaria y dificultan el acceso a una atención sanitaria adecuada para los animales. La carga laboral, el estrés y el burnout tienen un impacto directo y total sobre el bienestar profesional. Aunque se trata de una profesión vocacional, advierte de sus límites, ya que “con solamente eso, no se vive ni se trabaja tranquilo”. Una afirmación que resume el desgaste emocional y económico que sufren muchos veterinarios en el ejercicio clínico diario. Con un mensaje realista, aconseja a quienes quieren estudiar veterinaria “que sean conscientes de las carencias que van a encontrar en el mundo de la clínica”. Les anima a implicarse profesionalmente, pero siempre que “trabajen con ganas y fuerza, pero que no se dejen pisar por el sector”. Por último, Carla Roch lanza una llamada directa a la responsabilidad institucional. “Desde el gobierno deben trabajar para la profesión, si no nada tendrá sentido”, concluye. La reflexión incide en que el futuro de la profesión depende, en gran parte, de cambios estructurales que reconozcan el papel esencial de los veterinarios en la salud animal, humana y ambiental. “LOS VETERINARIOS DEBERÍAN PERTENECER AL MINISTERIO DE SANIDAD, Y NO AL DE AGRICULTURA”
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