25 La realidad cotidiana de la clínica veterinaria de pequeños animales y exóticos refleja un sector en crecimiento, impulsado por el aumento de animales de compañía y por una mayor concienciación social sobre su salud. Manel Millanes, gerente de UrpesVet, observa esta evolución en primera línea, lo que le permite aportar una visión amplia de los retos y oportunidades que marcan hoy a la veterinaria clínica en España. Desde su ámbito profesional, percibe una evolución que invita al optimismo, ya que “cada vez más animales acompañan nuestros hogares y cada vez las familias invierten o, al menos, tienen conciencia sobre la salud de sus animales”. Este cambio “se confirma con los avances en medicina veterinaria y el aumento de procedimientos complejos y costosos en los últimos años”. Sin embargo, el progreso se limita por una percepción social todavía limitada. “Se trata de un sector poco valorado socialmente, quizás por la inevitable comparativa con la Seguridad Social”, apunta, recordando que la sanidad veterinaria es privada, pero “los procedimientos son muchísimo más rápidos que en humana y proporcionalmente más económicos, aunque los clientes no suelen darse cuenta de ello”. A esta paradoja se suma una realidad preocupante para muchos centros: la dificultad para ampliar equipos. “Hay una escasez de veterinarios que quieran dedicarse a la clínica, o hay una altísima demanda”, señala, sin poder concretar si responde a un cambio de sector, emigración profesional o insuficiencia de titulados. Paralelamente, observa un fenómeno creciente en “el aumento de corporaciones que están comprando clínicas y grandes hospitales”, lo que puede derivar en una “industrialización del sector” con consecuencias tanto para clientes como para profesionales. Aun así, considera que “una clínica que tenga un trato mínimamente adecuado con el cliente y el paciente puede prosperar sin mucha dificultad”, aunque reconoce que lo más complejo es “ampliar equipo, soportar ciertas valoraciones y comentarios de los clientes”. El reconocimiento profesional sigue siendo una asignatura pendiente. Manel Millanes menciona que no se siente suficientemente reconocido como profesional sanitario. Sin embargo, matiza, “tampoco me siento desvalorado”. Más bien percibe una falta de conciencia real sobre el nivel de cualificación veterinaria. “No consideran lo profesionales que llegamos a ser los veterinarios”, indica, señalando gestos cotidianos como “no presentarse a una cita o cambiar un tratamiento porque lo han visto en internet” como indicadores claros de esa falta de valoración. A nivel social, lamenta la escasa visibilidad del colectivo incluso en crisis sanitarias relevantes, debido a que “con problemas como la gripe aviar o la peste porcina se han visto escasos veterinarios en tertulias o informativos”. Para el veterinario, “el principal reto es la unidad del sector”. Considera que los propios veterinarios han asumido un conformismo, entrando en “una espiManel Millanes (UrpesVet, Barcelona) ral de aceptación del ‘esto es así’”. También critica la debilidad de los órganos representativos y la ausencia de mecanismos suficientes frente a malas praxis, así como la falta de tarifas orientativas comunes. Todo ello repercute en la percepción social y en la relación con los clientes. “El reto no consiste en disminuir los costes, sino en hacer entender el valor de nuestras acciones”, aclara. La carga laboral y el desgaste emocional son otra constante. “El agotamiento y la falta de tiempo libre disminuyen el tiempo de calidad”, reconoce. Aunque en su caso el burnout no ha sido determinante, entiende cómo algunas situaciones “pueden llevar a un agotamiento psíquico y a plantearse dejar la profesión”, tales como clientes difíciles, limitaciones económicas o casos que no evolucionan bien. Como mensaje final a quienes desean estudiar la disciplina, recomienda que “durante sus estudios visiten distintos centros y sectores” y, si optan por la clínica, “que hagan algún curso de comunicación o gestión de personas”. Una recomendación coherente con una profesión cada vez más compleja, exigente y necesaria, pero aún pendiente de un reconocimiento acorde a su verdadera dimensión sanitaria y social.
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