IM VETERINARIA #67

16 COMUNIDAD “El ‘burnout’ en veterinaria es un problema muy frecuente y serio, reconocido a nivel internacional” LA APARICIÓN DE ENFERMEDADES EMERGENTES COMO LA GRIPE AVIAR, LA PESTE PORCINA AFRICANA O LA LENGUA AZUL HA DEVUELTO A LA VETERINARIA AL CENTRO DE LA SEGURIDAD ALIMENTARIA Y LA SALUD PÚBLICA. EN ESTE COMPLEJO CONTEXTO, EL SECTOR AFRONTA UN CRECIENTE MALESTAR PROFESIONAL. La veterinaria en España es una pieza clave de la salud pública, pero arrastra dificultades estructurales desde hace años. Así lo expone Joan Mesià García, presidente del Col·legi Oficial de Veterinaris de Barcelona (COVB), quien destaca la coyuntura marcada por la irrupción simultánea de múltiples enfermedades animales de alto impacto y por un creciente malestar profesional. Los acontecimientos recientes han situado a la veterinaria “en el centro de la preocupación sanitaria y de seguridad alimentaria del país”. En el último año se han concentrado patologías como la Peste Porcina Africana (PPA); la gripe aviar, que genera una inquietud especial por “las probabilidades que tiene de ser la próxima pandemia mundial”; la Dermatosis Nodular Contagiosa (DNC), que obligó a sacrificar una gran parte de la cabaña bovina en Cataluña, así como la lengua azul y otras enfermedades emergentes. Esta acumulación de crisis sanitarias evidencia la esencialdiad de la profesión para el conjunto de la sociedad. Precarización profesional Sin embargo, esta centralidad no se ha traducido en un reconocimiento acorde. El presidente del COVB remarca que, pese a ser una profesión clave para la salud pública, el bienestar animal y la seguridad alimentaria, integrada plenamente en el enfoque One Health, “seguimos siendo una profesión marcada por una notable precarización profesional”. Los veterinarios españoles soportan salarios bajos, jornadas laborales extensas, una presión administrativa muy elevada y una clara falta de valoración institucional y social. Los datos disponibles sitúan el salario medio anual del sector en torno a los 25.000 euros, una cifra que considera insuficiente si se tiene en cuenta la elevada cualificación académica exigida y la responsabilidad asumida diariamente. A ello se suman “una regulación estricta del medicamento veterinario, una carga fiscal elevada y una desconexión entre la alta cualificación académica exigida y las condiciones laborales reales, especialmente en el ámbito clínico”, lo que ha generado “un creciente malestar profesional y una demanda cada vez más clara de reformas estructurales”. Uno de los problemas que señala con mayor preocupación es el desequilibrio en la formación universitarios. Por lo que denuncia que en los últimos años “han proliferado las facultades de veterinaria de una manera exagerada”, fomentando casi exclusivamente la clínica de pequeños animales. Esta orientación ha provocado un exceso de clínicos en este ámbito concreto, empujando a muchos jóvenes veterinarios a emigrar para poder acceder a condiciones laborales dignas. Mientras tanto, el sector de la producción animal sufre una situación opuesta, con “poco relevo generacional y escasez de profesionales para dar servicio a las necesidades de nuestras producciones”.

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