76 red, uniendo el ámbito social, institucional y empresarial, es la mejor forma de generar un impacto real y duradero”, matiza la directora. Los perros de asistencia pasan por un proceso de formación cercano a los dos años. Durante el primer año viven con familias voluntarias, cuidadosamente seleccionadas, donde se centran en la socialización y en aprender a manejarse con seguridad y calma en distintos entornos. Todo un proceso que se desarrolla bajo la supervisión experta de la asociación y con seguimiento continuo. “En el segundo año es cuando comienzan su entrenamiento técnico. Primero adquieren una base común de obediencia y, posteriormente, se especializan según el tipo de perro de asistencia que vayan a ser. Es decir, acompañar a un menor con autismo o a una persona con movilidad reducida”. La última fase del proceso consiste en adaptar al perro de asistencia, de forma específica, a las necesidades del usuario con el que va a convivir, y, sobre todo, “para garantizar que el equipo formado por la persona y el perro funcione de manera segura y eficaz”. En cuanto a los colectivos con los que trabajan son, principalmente, menores con autismo, personas con discapacidad intelectual y personas con problemas de salud mental mediante intervenciones asistidas con perros. Además de formar a perros de asistencia que en el futuro acompañarán a personas con discapacidad dentro de proyectos como TEA-COMPAÑO. “Hemos notado un aumento de la demanda, sobre todo, de familias con menores con TEA que buscan apoyos cotidianos y humanos, donde el perro facilita bienestar, comunicación y autonomía. También crece el interés de centros educativos y entidades sociales por incorporar estas intervenciones de forma estable”, matiza Marín. Un futuro normalizado En los últimos años se están produciendo avances importantes en la forma de trabajar con los perros de asistencia, ya que, cada vez más, se apues- “HEMOS NOTADO UN AUMENTO DE LA DEMANDA, SOBRE TODO, DE FAMILIAS CON MENORES CON TEA QUE BUSCAN APOYO COTIDIANO, EN DONDE EL PERRO FACILITA BIENESTAR, COMUNICACIÓN Y AUTONOMÍA” ta por programas centrados en la familia y en el acompañamiento continuado, no solo en la entrega del perro. Además de que existe una mayor atención al bienestar animal y al ajuste individual del entrenamiento según las características del futuro usuario. “Estamos incorporando metodologías más colaborativas y personalizadas, combinando formación presencial y online, y aprovechando herramientas digitales para el seguimiento de los equipos. Creemos que la innovación pasa por profesionalizar el sector sin perder la parte humana, garantizando que cada perro y cada familia reciban el apoyo que necesitan a largo plazo”. Porque en esa labor para mejorar la calidad de vida de las personas con discapacidad a través de perros de asistencia y de programas de intervención asistida, la Asociación Kuné proporciona una formación de calidad, seguimiento continuado y sensibilización desde la infancia, impulsando estándares profesionales y una cultura de inclusión que trasciende el “acto de entrega” del perro. “Es decir, realizamos un seguimiento sistemático de los programas que desarrollamos para valorar su impacto. En cada intervención registramos indicadores como el nivel de participación, la comunicación, la interacción social o el bienestar emocional de los usuarios, así como observaciones del equipo profesional y la percepción de las familias o entidades participantes”. Toda una serie de
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