IM VETERINARIA #64

57 Así pues, los tratamientos con más presencia en la clínica son, “sobre todo, los enfocados a patologías gastrointestinales crónicas idiopáticas y linfomas de bajo grado, que requieren terapias inmunosupresoras”. En algunos casos de enfermedad gastrointestinal idiopática, agrega, “ya estamos empleando tratamientos con células madre, y en determinados pacientes hemos logrado incluso retirar los inmunosupresores”. Asimismo, considera que “el hecho de que como especialistas solo veamos y estudiemos gatos nos da un pequeño avance frente a la visión generalista, porque podemos dedicar toda nuestra formación y experiencia a esta especie”. Más preocupación Por otro lado, la fundadora de Mimomigato subraya que el escenario de la especialidad en los últimos años ha cambiado “muchísimo”. “Desde 2010, la medicina felina ha avanzado de manera notable: más estudios científicos específicos, mayor interés en las facultades y una clara voluntad de los profesionales por conocer mejor al gato”. También cree que influye que “cada vez más familias eligen un gato como compañero, lo que eleva las exigencias hacia nosotros, hacia la industria farmacéutica y hacia los investigadores”, comenta, y añade: “Hace años, al iniciar mi carrera, el gato era considerado un ‘paciente de segunda’: sus patologías eran poco conocidas y su manejo y diagnóstico, un desafío constante. Gracias al GEMFE, aprendí a valorar su complejidad y descubrí una especie fascinante y médicamente exigente”. Como directora de Mimomigato, recalca además que los propietarios se preocupan más ahora por la salud y el bienestar de sus gatos. “Absolutamente. Los tutores que buscan una clínica exclusiva para gatos son personas muy comprometidas: aman a sus compañeros felinos, los consideran parte de su familia y son muy exigentes con la calidad de la atención. Quieren explicaciones claras, seguras y procedimientos realizados con cariño y paciencia, tanto en la clínica como en casa. Me encanta trabajar con ellos porque escuchan atentamente y siguen nuestras recomendaciones”, esgrime la veterinaria. Recomendaciones que incluyen la concienciación sobre la importancia del diagnóstico precoz, tan importante en la medicina felina como en la veterinaria generalista. No en vano, apunta Pérez, “el gato es un animal cazador y, a la vez, presa de otros. Por ello tiende a ocultar sus síntomas, y cuando muestra signos clínicos ya suele estar muy enfermo. Siempre digo a los tutores que cualquier cambio en la rutina justifica una revisión”. Relata, en este sentido, el caso de una gata de 11 años que parecía haber perdido interés por su dieta húmeda habitual. “No había vómitos, diarrea ni pérdida de peso, solo inapetencia caprichosa. Para algunos podía parecer una exageración de la tutora, pero para mí fue una señal de alarma. Gracias a su compromiso, pudimos iniciar un estudio y detectar una patología intestinal crónica. Por eso recomiendo revisiones anuales como mínimo, y cada seis meses en gatos geriátricos, aunque aparentemente estén bien”, aconseja. ¿Y el futuro? De hecho, existen buenas herramientas, y muy útiles, para detectar enfermedades de forma temprana. “Análisis específicos con perfiles adaptados a gatos; las pruebas de imagen en gatos son fundamentales, sobre todo la ecografía… Todo ello complementado con una anamnesis profunda y exploración física detallada. En nuestro centro contamos con todos estos recursos para un diagnóstico precoz”, apunta Pérez, quien cree que lo más importante en cuanto a innovaciones, tanto diagnósticas como terapéuticas, “es que empiezan a desarrollarse tratamientos específicos para gatos, es decir, dejamos de depender de extrapolaciones desde medicina canina o humana, lo cual marca un gran avance”. “LA DIFERENCIA CON UN CENTRO GENERALISTA NO ESTÁ TANTO EN EL TIPO DE ENFERMEDADES, QUE PUEDEN APARECER EN CUALQUIER CLÍNICA, SINO EN LA CASUÍSTICA Y LA PROFUNDIDAD DEL ABORDAJE” Por contra, la principal asignatura pendiente en medicina felina, a su modo de ver, es “comprender mejor el sistema inmune del gato”. “Es un sistema muy complejo y todavía poco conocido en comparación con otras especies. Su particularidad hace que intervenga de manera crítica en muchas enfermedades, desde patologías infecciosas y autoinmunes hasta neoplasias y enfermedades gastrointestinales crónicas”, recuerda Pérez. Aunque cada vez se publican más estudios sobre inmunología felina, indica, “todavía hay importantes lagunas, especialmente sobre la respuesta inmune a infecciones crónicas, linfomas de bajo grado o cómo las terapias inmunomoduladoras afectan a largo plazo”. “Entender estos mecanismos es clave para desarrollar tratamientos más precisos y efectivos, y para mejorar el manejo de enfermedades complejas en gatos”, remarca. En suma, la especialidad se dirige “hacia una mayor especialización de los veterinarios clínicos en medicina felina, lo que a su vez impulsará el desarrollo de técnicas diagnósticas más precisas y de fármacos diseñados específicamente para esta especie”, augura Pérez, y reitera que “el manejo amable y adaptado a los gatos es una parte esencial de la práctica clínica”. “No solo mejora el bienestar del paciente, sino que también facilita la implicación de los tutores en el tratamiento y reduce el estrés asociado a las visitas. Incluso en clínicas que no son exclusivas para gatos, aplicar las pautas de manejo amigable recomendadas por la ISFM marca una gran diferencia y es muy valorado por los tutores”.

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