"La resolución de los problemas de comportamiento debe ser abordada de forma conjunta"

El estudio de la conducta y de las relaciones con el medio, junto con el descubrimiento de las pautas que guían la actividad, innata o aprendida, de las diferentes especies animales son algunos de los pilares sobre los que se asienta la etología.

15/03/2023

Después de fundar, con un socio, la Clínica Veterinaria Timanfaya y desarrollar su actividad veterinaria durante 25 años, en el año 2019, Felipe Fuentes Palancar, veterinario-etólogo, empezó una nueva etapa en la que decidió centrarse en la medicina del comportamiento como principal actividad. Tras realizar un máster de etología clínica por ...

Después de fundar, con un socio, la Clínica Veterinaria Timanfaya y desarrollar su actividad veterinaria durante 25 años, en el año 2019, Felipe Fuentes Palancar, veterinario-etólogo, empezó una nueva etapa en la que decidió centrarse en la medicina del comportamiento como principal actividad.

Tras realizar un máster de etología clínica por la UAB, y empezar a realizar consultas de comportamiento, actualmente su trabajo se centra en consultas de etología y, en pequeña medida, en llevar a cabo auditorías de bienestar animal en granjas de vacuno y porcino. Porque, como él mismo señala, la etología está teniendo cada vez más importancia en el ámbito de la veterinaria y se le está prestado cada vez una mayor atención. "Nuestros compañeros veterinarios generalistas así lo están valorando y remiten muchos casos a los etólogos. Hace unos años esto no era así. Concretar consultas para abordar problemas de comportamiento con los tutores de las mascotas no era sencillo, pero esto está cambiando, afortunadamente. Imagino que porque nuestra sociedad ha cambiado y se está empezando a valorar, cada vez más, nuestra relación con los animales y su bienestar", declara.

Trabajo conjunto

Si bien, Felipe Fuentes quiere dejar claro, antes de que continúe la entrevista, dos aspectos fundamentales relacionados con la etología. "Los etólogos clínicos intentamos basar todo nuestro trabajo, recomendaciones, tratamientos, etc., en evidencias científicas, publicadas en la actualidad. Por otro lado, la resolución de los problemas de comportamiento debe ser abordada de forma conjunta y en colaboración con veterinarios-etólogos, veterinarios-generalistas y veterinarios-especialistas en diferentes ramas, en otros profesionales, junto con los educadores caninos con conocimientos de modificación de conducta. Por ello, el trabajo en equipo es lo ideal", matiza el especialista.

Entre otros aspectos, la etología clínica o medicina del comportamiento se encarga de estudiar el comportamiento animal, además de abordar las alteraciones de los comportamientos. De ahí que lo ideal sea tratar estos problemas cuando el animal es un cachorro o en los inicios de las complicaciones conductuales. "Al igual que ocurre con otras disciplinas de educación animal, cuanto antes se apliquen las buenas prácticas etológicas, mucho mejor", afirma Felipe Fuentes y prosigue: "De esta manera, bajaremos mucho la posibilidad de desarrollo de futuros problemas de comportamiento. En este sentido, mi recomendación sería asesorarse antes de adoptar al cachorro, ya que, desde que la madre queda gestante se estarán haciendo las cosas de la mejor forma y al llegar el perro a la familia se sabrá como manejar mejor las situaciones que se presenten". Aun así, el etólogo quiere dejar claro que, independientemente de la edad del animal, la aplicación de la etología será de gran ayuda para los animales en cualquier caso. "En ocasiones, también hay problemas que surgen en edades muy avanzadas, como en la disfunción cognitiva. En este caso concreto, también será necesario recurrir al etólogo clínico, aun cuando el animal no hubiera manifestado problemas de comportamiento durante muchos años", matiza.

Conductas heredadas

Otra parte fundamental de la etología se encarga de estudiar si un comportamiento animal tiene bases genéticas o es aprendido. Preguntamos a Felipe Fuentes la diferencia entre ambos conceptos. "Las diferencias en el comportamiento entre individuos vienen marcadas por su genética y por el ambiente (aquí incluiremos tanto las experiencias como los distintos aprendizajes que se irán produciendo), así como por las interacciones que se producen entre ambos". Y para explicarlo mejor, nos pone un ejemplo: "Un perro puede ser agresivo en su etapa adulta. Esto puede estar causado por una genética que le da mayor predisposición al miedo, pero, a su vez, podrá haber influido un periodo de socialización (desde sus tres semanas a los tres meses) deficitario, o bien por haber sufrido experiencias traumáticas con el paso del tiempo. La combinación de todos esos factores dará el resultado final", concluye.

Porque, como nos comenta, en determinados comportamientos, la genética tiene mayor o menor peso frente al ambiente, si bien siempre será una interacción entre ambos factores. "En general, en los perros, la heredabilidad de una conducta, es decir, la variabilidad determinada por factores genéticos, no parece tener un elevado peso respecto a factores ambientales, mientras que, en gatos, esa heredabilidad sí parece ser mayor. En gatos, por ejemplo, tendría mayor importancia en el carácter amistoso, es decir, si los padres son amistosos es más probable que los gatitos lo sean también", destaca. A pesar de ello, sí ocurre que ciertas conductas, muy determinadas por los genes, no necesitan ser aprendidas para que se den. Es lo que los expertos llaman las conductas instintivas. Pedimos un ejemplo: "Un cachorro de perro de pocas semanas tiene la conducta innata de alejarse de su nido para eliminar orines y heces. A este cachorro, posteriormente, será sencillo enseñarle a que elimine en ciertas zonas, por ejemplo, reforzando cuando las usa. Conseguir esto con una oveja o un caballo será mucho más complicado, pues esa conducta innata de alejarse de donde duerme o come no está presente en sus instintos, en sus bases genéticas. Estos animales deambulan por los pastos, por lo que no necesitan mantener limpia una zona concreta. Y aunque luego nosotros lo metamos en una cuadra, seguirán eliminando en ella", afirma Felipe Fuentes.

Por ello, la etología es adecuada utilizarla en múltiples situaciones, si bien el veterinario-etólogo Felipe Fuentes nos destaca tres aspectos, a su entender, fundamentales.

El primero sería cuando un animal acude a la clínica, ya sea para tratamientos preventivos o por estar enfermo, la aplicación de un buen manejo, basado en conocimientos de etología, facilitará el desarrollo de la consulta o la hospitalización, "de una manera lo menos estresante posible para el animal, redundando en una mejor exploración, toma de muestras, aplicación de tratamientos, etc. Y en una mayor calidad de bienestar del animal, lo cual influirá, asimismo, en una mejor recuperación".

El segundo de los criterios tiene que ver con lo que se denomina `diagnóstico diferencial de enfermedades´, es decir, "en su etiología debemos tener en cuenta alteraciones de comportamiento que pueden estar implicadas. Por ejemplo, un perro que se persigue el rabo continuamente. Esto podrá ser por causas orgánicas (dolor, prurito, sacos anales afectados, etc.), o bien porque podría estar implicada una conducta compulsiva".

El último de los aspectos tiene que ver con la posibilidad de poder diagnosticar y tratar enfermedades con causas comportamentales. Sobre todo, porque, dentro de los objetivos de la etología, cabe destacar la prevención de los problemas de comportamiento y también, en el caso de que ya se hubiesen producido, llegar a su diagnóstico, a las causas que contribuyen a su desarrollo, "gracias a la información facilitada por los tutores o cuidadores del animal, de la observación de las conductas del animal, de la exploración veterinaria y de las pruebas médicas necesarias para descartar posibles causas orgánicas que lo provoquen o que se solapen, contribuyendo al problema", tal y como nos explica Felipe Fuentes. Por su parte, la etología clínica o medicina del comportamiento se encarga de abordar, además, las alteraciones de los comportamientos.

Relación especial

Y ya que ha puesto el ejemplo de los perros y los gatos, e incluso de otros animales, nos atrevemos a preguntar al veterinario-etólogo si existe mucha diferencia a la hora de aplicar los fundamentos de la etología entre ambas especies. "Aunque en muchos aspectos las bases son las misas, sí hay diferencias importantes", subraya. "Los orígenes de ambas especies son muy diferentes. Mientras el perro proviene del lobo, un animal social de grupo y su proceso de domesticación es muy largo, en torno a 30.000 años, el gato proviene de una especie territorial, que tendía a vivir solo, exceptuando épocas de celo, con un periodo de domesticación mucho menor, alrededor de los 10.000 años. Todo ello crea una serie de diferencias en su forma de relacionarse con nosotros". En ambos casos, como señala Fuentes, lo ideal es acudir a un etólogo en el momento en que tomamos la decisión de adoptar un cachorro o cuando el cachorro ya ha sido adoptado. Porque la idea es llevar a cabo una medicina preventiva, minimizando posibilidades de que surjan los problemas. "Por tanto, cuanto más nos anticipemos, mejor será para el animal".

Centrándonos especialmente en el caso de los perros, una especie muy social y que necesita vivir en grupos, queremos indagar acerca de si la etología podría corregir este comportamiento, en el caso de que un perro fuera poco sociable. "Cuando los perros tienen un periodo de socialización adecuado, conviviendo con otros perros, personas, incluso otras especies y sin experiencias negativas en su desarrollo posterior, no tendrán miedos en el futuro a convivir con ellos. Podrán disfrutar de su presencia. Pero si esto no es así y se trata de animales que evitan el acercamiento de otros, la etología puede ayudar a intentar revertirlo, consiguiendo mayor nivel de bienestar para el animal", afirma.

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