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La obesidad felina es uno de los problemas nutricionales más frecuentes en la práctica clínica veterinaria y un factor de riesgo para patologías como la diabetes mellitus, la enfermedad articular degenerativa o las alteraciones hepáticas. Un nuevo estudio publicado en Frontiers in Veterinary Science aporta datos relevantes sobre los factores ...
La obesidad felina es uno de los problemas nutricionales más frecuentes en la práctica clínica veterinaria y un factor de riesgo para patologías como la diabetes mellitus, la enfermedad articular degenerativa o las alteraciones hepáticas. Un nuevo estudio publicado en Frontiers in Veterinary Science aporta datos relevantes sobre los factores asociados al sobrepeso en gatos domésticos y señala dos variables clave: el confinamiento exclusivo en interiores y un mayor nivel de apego emocional por parte del propietario.
La investigación, desarrollada por un equipo de la University of Copenhagen, analizó gatos de propiedad privada en la isla de Selandia (Dinamarca) con el objetivo de identificar factores de riesgo relacionados tanto con el animal como con su entorno y su cuidador. El trabajo se enmarca en un monográfico internacional centrado en la obesidad en animales de compañía y en las innovaciones en su manejo.
Para el estudio se reclutaron 192 gatos adultos, mayores de un año y aparentemente sanos, a través de redes sociales. Durante visitas domiciliarias, los investigadores realizaron una exploración física completa y evaluaron la condición corporal mediante la escala Body Condition Score (BCS) de nueve puntos, un sistema estandarizado en medicina veterinaria para clasificar el estado nutricional. Además, los propietarios respondieron a un cuestionario detallado sobre características del animal, prácticas de alimentación, entorno de vida y grado de apego hacia su gato.
Los resultados mostraron que el 35% de los gatos evaluados presentaban sobrepeso u obesidad (BCS 7–9/9), mientras que el 65% se situaba en un rango considerado normal o ligeramente por encima del ideal (BCS 4–6/9). A partir de un análisis estadístico multivariable, los investigadores identificaron asociaciones significativas entre determinadas variables y el riesgo de que un gato fuera clasificado como pesado u obeso.
Uno de los hallazgos más consistentes fue la influencia del estilo de vida. En los gatos europeos de pelo corto que vivían exclusivamente en interiores, el riesgo de sobrepeso era elevado desde edades muy tempranas, incluso alrededor del primer año de vida. En cambio, aquellos con acceso al exterior mostraban un riesgo bajo en etapas iniciales, que aumentaba de forma progresiva con la edad y alcanzaba su punto máximo en torno a los siete años. En las razas puras, por su parte, la edad tuvo un efecto mucho más moderado sobre la probabilidad de obesidad.
Estos datos sugieren que la limitación del movimiento y la menor estimulación física en entornos exclusivamente interiores pueden desempeñar un papel determinante en el desarrollo precoz de exceso de peso, especialmente en gatos domésticos de tipo común. El acceso al exterior, aunque no exento de otros riesgos, parece asociarse a mayores niveles de actividad y, por tanto, a un menor riesgo en edades jóvenes.
El estudio también identificó una asociación llamativa entre el grado de apego del propietario y la obesidad felina. Los dueños de gatos con sobrepeso mostraban niveles significativamente más altos de vinculación emocional con sus animales en comparación con los propietarios de gatos con peso normal. Además, tendían a percibir a sus gatos como menos activos.
Aunque el diseño transversal del estudio no permite establecer una relación causal, los autores plantean que un mayor apego podría influir indirectamente en determinadas prácticas, como la oferta frecuente de premios o la dificultad para restringir la cantidad de alimento. También podría existir una interpretación errónea de determinadas conductas del animal, confundiendo demanda de atención con señales de hambre.
Los investigadores subrayan que la obesidad felina es un fenómeno multifactorial en el que interactúan variables biológicas, ambientales y sociales. Comprender estos factores resulta esencial para desarrollar estrategias preventivas eficaces. En el caso de los gatos de interior, recomiendan reforzar el enriquecimiento ambiental, fomentar el juego activo y monitorizar de forma periódica la condición corporal. Asimismo, destacan la importancia de la educación del propietario para ajustar raciones y evitar la sobrealimentación.
En definitiva, el estudio aporta evidencia sólida de que el confinamiento interior aumenta de forma significativa el riesgo de obesidad en gatos domésticos desde edades tempranas, y abre una línea de investigación sobre el posible papel del vínculo emocional en el desarrollo del sobrepeso. Un enfoque preventivo integral, que combine manejo nutricional, actividad física y formación del cuidador, se perfila como la herramienta más eficaz para frenar esta tendencia creciente en la medicina felina.