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Un equipo internacional de investigadores ha demostrado que olaparib, un fármaco oncológico ya utilizado en medicina humana, desencadena mecanismos de muerte celular diferentes en distintos tipos de cáncer hematológico canino. El trabajo, publicado el 6 de febrero de 2026 en la revista científica Frontiers in Veterinary Science, aporta nuevas claves ...
Un equipo internacional de investigadores ha demostrado que olaparib, un fármaco oncológico ya utilizado en medicina humana, desencadena mecanismos de muerte celular diferentes en distintos tipos de cáncer hematológico canino. El trabajo, publicado el 6 de febrero de 2026 en la revista científica Frontiers in Veterinary Science, aporta nuevas claves para el desarrollo de terapias personalizadas contra linfomas y leucemias en perros, enfermedades con importantes similitudes con sus equivalentes humanas.
El estudio se ha centrado en dos líneas celulares caninas ampliamente utilizadas en investigación oncológica: CLBL-1, derivada de un linfoma B difuso de células grandes, y GL-1, procedente de una leucemia canina. Ambas presentan alteraciones en los mecanismos de reparación del ADN, un rasgo que las convierte en candidatas potenciales al tratamiento con inhibidores de PARP, como olaparib.
Los investigadores observaron que, tras la exposición a olaparib, las células CLBL-1 activaban principalmente la apoptosis, un proceso de muerte celular programada caracterizado por la activación de genes como BAX y BBC3, relacionados con el daño en el ADN y la vía del p53. En estas células, el fármaco provocó un aumento progresivo de células apoptóticas, alcanzando cerca del 40 % tras 48 horas de tratamiento.
Sin embargo, la respuesta fue muy diferente en las células GL-1. Aunque mostraron una menor sensibilidad al fármaco, los análisis transcriptómicos revelaron la activación de genes asociados a la inflamación y a la respuesta inmunitaria, como IL6, TNF, IFIT3 o IL18. Este patrón molecular sugiere la inducción de piroptosis, una forma alternativa de muerte celular proinflamatoria mediada por proteínas como la gasdermina E (GSDME).
"La piroptosis puede actuar como un interruptor entre la apoptosis clásica y una muerte celular más inflamatoria, lo que podría tener implicaciones relevantes en la respuesta del sistema inmune frente al tumor", señalan los autores.
El estudio también apunta a que las diferencias genéticas entre ambas líneas celulares podrían explicar esta respuesta desigual al tratamiento. En el caso de GL-1, los investigadores identificaron mutaciones en genes clave como TP53 y alteraciones en FLT3, factores asociados en medicina humana a resistencia a inhibidores de PARP. Estas alteraciones podrían limitar la eficacia de olaparib cuando se administra como monoterapia.
En cambio, las células CLBL-1 presentan un perfil genético que favorece la activación de la vía apoptótica, lo que explicaría su mayor sensibilidad al fármaco.
El linfoma canino es uno de los tumores más frecuentes en perros y constituye un modelo biológico de gran valor para el estudio del linfoma no Hodgkin humano. Por ello, los resultados de este trabajo tienen implicaciones que van más allá de la medicina veterinaria.
"El perro representa un excelente modelo translacional. Comprender cómo actúan estos fármacos en tumores caninos puede acelerar el desarrollo de nuevas estrategias terapéuticas también en humanos", destacan los autores.