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La idea de que una mascota "da vida" a la casa también podría traducirse en mejor descanso en la vejez, aunque con matices. Un estudio nacional realizado en China con 1.434 personas de 60 años o más ha encontrado que ser propietario de una mascota se asocia con un menor ...
La idea de que una mascota "da vida" a la casa también podría traducirse en mejor descanso en la vejez, aunque con matices. Un estudio nacional realizado en China con 1.434 personas de 60 años o más ha encontrado que ser propietario de una mascota se asocia con un menor riesgo de insomnio, medido con una escala clínica de referencia. Sin embargo, el trabajo subraya que la relación no es uniforme: depende del tipo de animal, de su estado de salud y de cómo es la interacción diaria entre la persona y su compañero.
La investigación, publicada en Frontiers in Veterinary Science dentro del ámbito de Humanidades y Ciencias Sociales Veterinarias, analizó la calidad del sueño con la Athens Insomnia Scale (AIS), que identifica insomnio cuando la puntuación supera un umbral determinado. En el conjunto de la muestra, el 28,9% cumplía criterios compatibles con insomnio, un dato que refuerza el impacto del problema del sueño en poblaciones envejecidas.
Tras ajustar por variables sociodemográficas, salud y estilo de vida, los autores observaron que tener mascota se asociaba a un 25% menos de probabilidades de presentar insomnio (odds ratio ajustada 0,75, con intervalo de confianza del 95% entre 0,59 y 0,96).
Cuando se desglosa por tipo de animal, aparece un patrón claro: la tenencia de perro se relacionó con menor riesgo de insomnio (OR 0,63). Además, el estudio señala que pasear al perro con mayor frecuencia se asocia a mejores resultados de sueño, lo que encaja con un mecanismo plausible: más actividad física, más exposición a luz natural y rutinas diurnas más estables, tres variables que suelen favorecer la regulación del ritmo circadiano.
En cambio, para gatos y aves no se detectaron asociaciones estadísticamente significativas en este análisis, lo que sugiere que, al menos en esta muestra, sus efectos podrían compensarse entre potenciales beneficios emocionales y posibles interrupciones (por ejemplo, actividad del animal en horarios de descanso).
El trabajo también identifica escenarios en los que la convivencia puede jugar en contra del descanso. Entre los 717 propietarios, la prevalencia de insomnio fue del 25,7%, y ciertos rasgos de la tenencia se asociaron con peor sueño.
Uno de los factores más relevantes fue el estado de salud del animal. Tener una mascota percibida como "en buen estado" se asoció a un riesgo de insomnio significativamente menor (OR 0,41 frente a mascotas en peor condición). Los autores plantean que la enfermedad del animal puede aumentar el estrés del cuidador, elevar la preocupación nocturna y, además, provocar interrupciones directas si el animal está inquieto o requiere cuidados.
También destaca el efecto de la tenencia reciente: quienes llevaban menos de un año con su mascota mostraron más riesgo de mala calidad del sueño, posiblemente por el periodo de adaptación a nuevas rutinas. Y un hallazgo que llama la atención: pasar más de dos horas diarias de interacción se asoció con mayor probabilidad de insomnio (OR 2,25). En términos prácticos, ese tiempo podría reflejar situaciones de sobrecarga, hipervigilancia o problemas conductuales del animal que acaban trasladándose a la noche.
Entre los resultados más singulares, el estudio detecta que la tenencia de conejo se asocia con más riesgo de insomnio (OR 1,94). Aunque el trabajo no concluye causas, sugiere que especies con cuidados específicos o patrones de actividad distintos podrían generar demandas que alteren el descanso en algunos hogares.