Algunos perros pueden aprender palabras nuevas "escuchando" a sus dueños

Un nuevo estudio revela que ciertos perros con una habilidad excepcional para aprender el nombre de objetos pueden adquirir nuevas palabras simplemente al oír las conversaciones de sus propietarios, sin que nadie se dirija a ellos directamente.

Estado: Esperando

09/01/2026

"Cariño, ¿llevas a Luna al P-A-R-Q-U-E?". Padres y dueños de perros saben bien que hay palabras que conviene deletrear para evitar que unos oídos atentos se enteren de la conversación. A los 18 meses, los niños pequeños ya son capaces de aprender palabras nuevas escuchando a otras personas hablar. Ahora, ...

"Cariño, ¿llevas a Luna al P-A-R-Q-U-E?". Padres y dueños de perros saben bien que hay palabras que conviene deletrear para evitar que unos oídos atentos se enteren de la conversación. A los 18 meses, los niños pequeños ya son capaces de aprender palabras nuevas escuchando a otras personas hablar. Ahora, un estudio pionero publicado en Science demuestra que un grupo muy concreto de perros también puede aprender nombres de objetos al escuchar las interacciones entre sus dueños.

Al igual que los niños de 1,5 años -que aprenden con la misma eficacia tanto cuando se les habla directamente como cuando oyen conversaciones ajenas-, estos perros especialmente dotados también destacan en ambas situaciones.

Qué hace tan relevante este descubrimiento

Aunque los perros aprenden con facilidad órdenes como "sentado" o "túmbate", solo un número muy reducido ha demostrado la capacidad de aprender nombres de objetos. Estos animales, conocidos como Gifted Word Learners (GWL), pueden aprender rápidamente cientos de nombres de juguetes a través del juego cotidiano con sus dueños.

Los niños adquieren vocabulario mediante distintos procesos, uno de ellos el aprendizaje por escucha indirecta, que consiste en incorporar palabras nuevas simplemente prestando atención a conversaciones entre adultos. Para ello, deben seguir la mirada y la atención de los interlocutores, detectar señales comunicativas y extraer palabras concretas de un flujo continuo de lenguaje. Hasta ahora se desconocía si los perros GWL podían aprender etiquetas de objetos sin que se les hablara directamente.

"Nuestros resultados muestran que los procesos socio-cognitivos que permiten aprender palabras escuchando conversaciones no son exclusivos de los humanos", explica la investigadora principal, la doctora Shany Dror, de las universidades ELTE y VetMedUni. "En las condiciones adecuadas, algunos perros presentan comportamientos sorprendentemente similares a los de los niños pequeños".

Cómo descubrieron los investigadores que estos perros aprenden escuchando

En el primer experimento, el equipo científico evaluó a diez perros GWL en dos situaciones distintas. En la primera, los dueños presentaban dos juguetes nuevos y repetían sus nombres mientras interactuaban directamente con el perro. En la segunda, los animales observaban pasivamente cómo sus propietarios hablaban con otra persona sobre esos juguetes, sin dirigirse al perro en ningún momento.

En cada condición, los perros oyeron el nombre de cada juguete durante un total de solo ocho minutos, repartidos en varias sesiones breves. Para comprobar si habían aprendido las nuevas etiquetas, los juguetes se colocaron en otra habitación y los dueños pidieron a los perros que trajeran cada uno por su nombre, por ejemplo: "¿Puedes traer a Teddy?".

El resultado fue claro: en ambas situaciones, siete de los diez perros aprendieron los nuevos nombres. Además, el rendimiento fue muy alto desde los primeros intentos, con un 80 % de aciertos cuando se les hablaba directamente y un 100 % cuando solo habían escuchado la conversación. En conjunto, los perros dotados aprendieron igual de bien escuchando como cuando se les enseñaba de forma directa, un patrón muy similar al observado en estudios con bebés.

Superar uno de los mayores retos del aprendizaje de palabras

En un segundo experimento, los investigadores añadieron una dificultad extra. Los dueños mostraban primero los juguetes a los perros y luego los colocaban dentro de un cubo, nombrándolos únicamente cuando ya no estaban a la vista del animal. De este modo, se separaba en el tiempo el momento de ver el objeto y el de oír su nombre. A pesar de esta discontinuidad, la mayoría de los perros GWL logró aprender las nuevas palabras.

"Estos resultados indican que los perros GWL pueden utilizar de forma flexible distintos mecanismos para aprender nombres de objetos", señala la investigadora senior, la doctora Claudia Fugazza, de la Universidad ELTE de Budapest.

Qué nos enseña este estudio

El trabajo sugiere que la capacidad de aprender palabras a partir de conversaciones escuchadas podría basarse en mecanismos socio-cognitivos generales compartidos por distintas especies, y no ser una característica exclusivamente humana.

No obstante, los Gifted Word Learners son extremadamente raros, y sus habilidades extraordinarias probablemente se deban a una combinación de predisposiciones individuales y experiencias de vida muy particulares.

"Estos perros ofrecen un modelo excepcional para estudiar algunas de las capacidades cognitivas que permitieron a los humanos desarrollar el lenguaje", afirma la doctora Dror. "Pero en ningún caso sugerimos que todos los perros aprendan de esta manera".