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La enfermedad inflamatoria intestinal (EII o IBD) es una de las patologías digestivas crónicas más frecuentes en perros y suele manifestarse con diarrea persistente, vómitos y pérdida de peso, un cuadro que merma la calidad de vida y obliga a tratamientos prolongados. Aunque en la clínica veterinaria se recurre a ...
La enfermedad inflamatoria intestinal (EII o IBD) es una de las patologías digestivas crónicas más frecuentes en perros y suele manifestarse con diarrea persistente, vómitos y pérdida de peso, un cuadro que merma la calidad de vida y obliga a tratamientos prolongados. Aunque en la clínica veterinaria se recurre a antiinflamatorios -en especial glucocorticoides como prednisona/prednisolona-, no todos los pacientes responden igual y los efectos adversos o la aparición de resistencias hacen que siga existiendo presión asistencial por alternativas más seguras y sostenibles a largo plazo. En este contexto, un trabajo publicado en Frontiers in Veterinary Science plantea que los polisacáridos del ginseng podrían actuar como candidato terapéutico "natural" al atenuar la inflamación y modular la microbiota intestinal en un modelo experimental de colitis inducida en perros.
El estudio utilizó un modelo con dextrano sulfato sódico (DSS), un compuesto ampliamente empleado en investigación para provocar daño de la mucosa colónica y desencadenar una respuesta inflamatoria comparable, en ciertos rasgos histopatológicos, a procesos tipo colitis. Los autores trabajaron con 12 perros machos de tres meses, distribuidos en grupos pequeños, e indujeron el cuadro con DSS al 2,5% en el agua durante cinco días. Tras esa fase inicial, compararon la evolución con dos intervenciones: polisacáridos de ginseng (0,35 g/kg) y prednisona (2 mg/kg), que actúa como control positivo por su efecto antiinflamatorio rápido. A lo largo del ensayo se monitorizaron signos clínicos mediante un índice de actividad (CIBDAI), parámetros séricos (incluida la proteína C reactiva, CRP, como marcador de inflamación sistémica), la histología del colon y la composición microbiana de la mucosa colónica a partir de secuenciación 16S.
Los resultados describen, primero, que la inducción con DSS provocó el patrón esperado: descenso de peso, empeoramiento del índice clínico, acortamiento del colon y lesiones compatibles con inflamación marcada y daño epitelial. Desde el punto de vista bioquímico, el modelo se acompañó de alteraciones coherentes con un proceso inflamatorio y con impacto nutricional. La parte relevante llega con la intervención: el grupo tratado con polisacáridos de ginseng mostró una mejoría de los signos clínicos, una recuperación de la arquitectura histológica y una normalización parcial de parámetros séricos, destacando una reducción significativa de CRP. En paralelo, el grupo con prednisona también mejoró, reforzando la idea de que el modelo respondía a un antiinflamatorio de referencia y permitía comparar magnitudes de efecto.
El núcleo del artículo, sin embargo, está en la microbiota. En los perros con colitis inducida se observó una caída de la diversidad microbiana y un cambio claro en la composición de la comunidad (disbiosis). Tras el tratamiento con polisacáridos de ginseng, aumentó la diversidad alfa y se reorientó la comunidad hacia un perfil más próximo al del grupo control, con enriquecimiento de géneros considerados beneficiosos en el contexto intestinal (por ejemplo, Bacteroides y Megamonas) y reducción de Campylobacter, un grupo que en distintos escenarios se asocia a alteraciones gastrointestinales. Además, mediante predicción funcional (PICRUSt), los autores apuntan a que el DSS suprimió rutas relacionadas con el metabolismo de carbohidratos y que el ginseng revirtió parcialmente esa señal, lo que encaja con una hipótesis prebiótica: polisacáridos que actúan como sustrato o modulador, favoreciendo bacterias y funciones metabólicas más compatibles con la homeostasis.
El trabajo también exploró metabolitos bacterianos clave, los ácidos grasos de cadena corta (SCFAs), que suelen vincularse con integridad de barrera intestinal y regulación inmune. En el modelo DSS disminuyeron de forma notable y, tras el ginseng, repuntaron sin alcanzar siempre significación estadística, un matiz importante para no sobrerreivindicar el hallazgo. De hecho, la principal limitación reconocible es el tamaño muestral: n=3 por grupo reduce potencia estadística y obliga a interpretar parte de las tendencias con cautela. Aun así, la lectura práctica es clara: los polisacáridos de ginseng emergen como una vía prometedora para investigación traslacional, pero el siguiente paso debería ser validar seguridad, dosis y eficacia en perros con EII espontánea (no inducida), idealmente en ensayos clínicos controlados y con herramientas mecanísticas (metabolómica, marcadores de barrera, inflamación local) que aclaren qué parte del efecto depende realmente de la microbiota y cuál responde a modulación inmune directa.