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Un estudio publicado en Frontiers in Veterinary Science documenta un caso excepcional de meningioma intracraneal con metástasis pulmonar en un perro, una evolución extremadamente infrecuente en la especie canina. El caso corresponde a un Labradoodle macho de 11 años que sobrevivió 28 meses desde la aparición de los primeros signos ...
Un estudio publicado en Frontiers in Veterinary Science documenta un caso excepcional de meningioma intracraneal con metástasis pulmonar en un perro, una evolución extremadamente infrecuente en la especie canina. El caso corresponde a un Labradoodle macho de 11 años que sobrevivió 28 meses desde la aparición de los primeros signos clínicos, tras ser tratado mediante cirugía e inmunoterapia autóloga, un tiempo de supervivencia superior al descrito habitualmente para este tipo de tumores en perros.
Los meningiomas son los tumores intracraneales más comunes en veterinaria, pero su capacidad para metastatizar es muy limitada. Según los autores, antes de este trabajo solo se habían descrito cuatro casos de meningioma metastásico en perros, lo que convierte a este informe en una aportación relevante para la oncología veterinaria.
El animal fue atendido inicialmente en noviembre de 2018 por alteraciones de conducta y crisis convulsivas, incluyendo una convulsión tónico-clónica generalizada. La exploración neurológica reveló déficits compatibles con una lesión cerebral focal. Una resonancia magnética identificó una masa de 4,6 × 2,5 × 2,0 cm en la región frontal derecha del encéfalo, con edema, hemorragia central y efecto compresivo sobre estructuras adyacentes.
El paciente fue sometido a una craneotomía transfrontal con resección del tumor. Aunque inicialmente evolucionó de forma favorable, desarrolló un neumoencéfalo posquirúrgico que obligó a una cirugía de revisión. Tras la estabilización, fue dado de alta con tratamiento anticonvulsivante y antiinflamatorio.
El análisis histopatológico del tumor confirmó un meningioma meningotelial, con características compatibles con un meningioma grado II (atípico), debido a la presencia de necrosis y actividad mitótica moderada.
Tras la cirugía, el perro recibió inmunoterapia experimental basada en una vacuna autóloga de lisado de células tumorales, combinada con ligandos de receptores tipo Toll e imiquimod. Las vacunas se administraron de forma periódica y se asoció una mejoría progresiva de los signos neurológicos, hasta su completa resolución tras varios ciclos.
Durante los meses siguientes, el paciente presentó episodios convulsivos intermitentes, controlados mediante ajustes del tratamiento anticonvulsivante. Ante la reaparición de signos neurológicos, se administraron dosis de refuerzo de la vacuna, tras las cuales el estado neurológico volvió a estabilizarse.
En 2020, el perro desarrolló una tos crónica, y las radiografías torácicas revelaron la presencia de múltiples masas pulmonares que progresaron con el tiempo. Finalmente, el animal fue eutanasiado en febrero de 2021 tras un rápido deterioro neurológico.
La necropsia mostró un meningioma recurrente que invadía estructuras nasales, así como nódulos metastásicos en el pulmón izquierdo. Además, se detectó un adenocarcinoma pancreático independiente, con metástasis generalizadas en órganos abdominales.
El uso de inmunohistoquímica permitió diferenciar ambos procesos neoplásicos. Las lesiones pulmonares mostraron positividad intensa para vimentina y ausencia de tinción para citoqueratina, confirmando su origen meningiomatoso, mientras que el tumor pancreático presentó el patrón inverso.
Los autores plantean que la supervivencia prolongada del paciente, favorecida por el abordaje inmunoterapéutico, pudo haber permitido el desarrollo de una metástasis extremadamente rara en perros. En medicina humana, la recurrencia tumoral y una mayor duración de la enfermedad se asocian a un mayor riesgo de diseminación metastásica, un paralelismo que podría ser aplicable a este caso.
Aunque se trata de un único paciente, el estudio aporta evidencia sobre el potencial de la inmunoterapia para extender la supervivencia en tumores intracraneales caninos y subraya la necesidad de seguir investigando sus efectos a largo plazo. El caso también refuerza el valor del perro como modelo comparativo para el estudio de neoplasias del sistema nervioso central.