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Ceva Salud Animal, dentro de su compromiso por aumentar el conocimiento sobre los parásitos externos, las enfermedades que transmiten y en la aplicación del enfoque One Health, ha colaborado a lo largo de tres años con el grupo de investigación de Enfermedades Zoonósicas Emergentes y Una Sola Salud de la ...
Ceva Salud Animal, dentro de su compromiso por aumentar el conocimiento sobre los parásitos externos, las enfermedades que transmiten y en la aplicación del enfoque One Health, ha colaborado a lo largo de tres años con el grupo de investigación de Enfermedades Zoonósicas Emergentes y Una Sola Salud de la Universidad de Salamanca y la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, con el objetivo de mejorar la comprensión de la evolución de diversas enfermedades transmitidas por vectores, para así poder aplicar las medidas oportunas y tratar de disminuir su expansión. A continuación, uno de los autores de los diversos estudios publicados explica de primera mano qué son los mapas de riesgo, sus resultados y qué aplicaciones tienen.
Introducción
Las enfermedades de transmisión vectorial son el origen del 17 % de enfermedades infecciosas causadas por bacterias, parásitos y virus, causando más de 700.000 muertes anuales (OMS, 2024). Muchas de estas enfermedades se situaban en zonas tropicales y subtropicales y, con el aumento de las temperaturas, los cambios en el uso de la tierra, la movilidad global y las alertas de salud pública y veterinarias, entre otros factores, se ha llevado a cabo un cambio en el patrón de distribución y de la expansión de vectores, lo que ha propiciado una propagación de estas enfermedades a territorios no endémicos, en donde previamente no se habían reportado ni existían sus vectores.
Algunas de las medidas que se emplean para prevenir las enfermedades de transmisión vectorial van desde la protección personal y animal hasta la mejora del ambiente (uso de repelentes de vectores y mosquiteras, evitar la acumulación de agua, eliminación de grietas, oquedades y la limpieza periódica en viviendas y construcciones, acúmulo de vegetación de altura, uso de ropa de manga y pantalón largo, seguimiento en animales silvestres, etc).
Recientemente se ha incorporado la predicción de la capacidad de dispersión de los vectores y la biología de los parásitos causantes de enfermedades que pudieran transmitir con la visualización de zonas de riesgo de infección, mediante procesos de modelización de nicho ecológico (MNE) e idoneidad de hábitat para una especie vectora.
Los MNEs son herramientas de tipo ecoinformático que asignan valores de idoneidad de distribución de una especie en el espacio ambiental en función de la correlación calculada entre los registros de distribución conocidos, presencia y/o ausencia de la especie modelizada y las variables ambientales que influyen en su establecimiento, en su geolocalización. Entre los muchos enfoques de modelización, uno de los más consolidados es el algoritmo de máxima entropía (Maxent), con los que se obtiene un mapa de distribución potencial de la idoneidad del hábitat. Con ellos, es posible saber el ambiente y las circunstancias más favorables para la existencia de una especie. Estos modelos tienen una resolución de 1 km 2 , pueden proyectarse a lugares no muestreados de difícil acceso y tienen en cuenta el comportamiento del parásito dentro del vector. Esto ha supuesto una novedad en la modelización del riesgo de infección de una enfermedad de transmisión vectorial, dándole un plus de importancia y relevancia, ya que no sólo la existencia de un vector en una zona determinada implica riesgo en relación a la transmisión de patógenos, sino que el comportamiento del patógeno en el vector es vital para el entendimiento del riesgo de infección, puesto que, por ejemplo, muchos patógenos son destruidos por la propia respuesta de los vectores y otros vectores mueren mientras el patógeno se desarrolla dentro del mismo y, por tanto, no transmiten la enfermedad (Taheri et al., 2024).
En relación a la dirofilariosis y a la leishmaniosis canina, se han elaborado mapas colorimétricos de riesgo de infección en España y Portugal para Dirofilaria spp. y para Leishmania infantum basados en la modelización de nicho ecológico e idoneidad de hábitat según variables ambientales y bioclimáticas para Culex pipiens y Phlebotomus perniciosus respectivamente. Además, se han considerado el número de generaciones de Dirofilaria spp. y la tasa de infección de L. infantum en sus respectivos vectores, siendo estos los más reportados y en los que se ha demostrado una contribución directa a la infección de estas enfermedades en España y Portugal (península ibérica, Islas Baleares, Islas Canarias y las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla). Además, se han llevado a cabo proyecciones a futuro que permiten visualizar la predicción de los lugares en donde podría existir riesgo de infección, únicamente según variables bioclimáticas que puedan afectar a estos vectores como la temperatura y precipitación bajo el escenario 8,5 de cambio climático con altas emisiones de CO2 , y un modelo de circulación global en el año 2080 (Rodríguez-Escolar et al., 2023, 2024).
El número de generaciones de Dirofilaria spp. es la acumulación de 130 grados de temperatura [Growing Degree Days (GDD)] en un periodo de 30 días consecutivos en los que Dirofilaria spp. es capaz de desarrollarse dentro el vector. La temperatura mínima en la que las larvas de Dirofilaria spp. mudan en el mosquito culícido es de 14ºC (Genchi et al., 2009). La tasa de infección de L. infantum es el porcentaje de flebótomos que sobreviven infectados teniendo en cuenta la temperatura media anual en donde es posible el desarrollo de ambos (entre 14-23ºC) (Rioux et al., 1985). Dirofilaria spp.
El riesgo de infección de Dirofilaria spp. es alto en toda la península ibérica, y elevado en las Islas Baleares, Islas Canarias y Madeira, así como en las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla, exceptuando las zonas montañosas con una mayor altitud (Figura 1). El 2,5 % del territorio peninsular se encuentra en zona de alto riesgo de transmisión, el 10 % tiene un riesgo medio-alto, el 17,3 % riesgo medio-bajo, el 35,5 % riesgo bajo y el 36,7 % riesgo muy bajo. Las zonas con mayor riesgo se encuentran en los lugares que son bañados por el mar Mediterráneo, en el sur peninsu lar, en las zonas interiores del suroeste, centro y norte de la península ibérica y en todas las cuencas de los principales ríos peninsulares. El riesgo medio se sitúa en lugares con menor huella humana (presencia de regadíos, comunicaciones por carretera o tren, terrenos urbanizados), bajo número de generaciones de Dirofilaria spp. y hábitats no adecuados para Cx. pipiens; un factor que puede ayudar a explicar por qué las zonas montañosas presentan el menor riesgo de infección. Además, más del 60 % de territorio de las islas analizadas se localizan en zonas con riesgo de infección medio-alto, donde las zonas con valores de riesgo alto se corresponden a zonas principalmente costeras con una elevada huella humana, humedad y cultivos de regadío. Tanto en el continente como en las regiones insulares, las zonas de montaña, con una orografía más irregular y menor humedad, son lugares con un bajo riesgo de infección. Las proyecciones a 2080 bajo el escenario de cambio climático RCP 8,5 (Figura 2) muestran un aumento del 49,98 % en la ganancia de la extensión de las zonas aptas para la presencia de Cx. pipiens, ampliándose a zonas fuera del ámbito de influencia, ocupando regiones interiores intensamente antropizadas y con abundantes cultivos de regadío y, de manera especial el centro sur, así como el noroeste y sureste peninsular.
El mapa con el riesgo potencial de transmisión por L. infantum (Figura 3) sólo se ha realizado para la península ibérica y las Islas Baleares. Territorios para los que el 23, 8% del área de estudio se sitúa en zonas de riesgo alto, el 23 % en zonas de riesgo medio y el 53,2 % se visualizan como zonas de riesgo bajo o muy bajo, incluyendo las zonas montañosas y las de gran altitud con temperaturas más frescas. Los lugares con mayor riesgo de transmisión corresponden al suroeste y centro de la península, así como la costa próxima al mar Mediterráneo, las Islas Baleares y las cuencas de grandes ríos como el Ebro, el Tajo y el Guadalquivir, lugares que coinciden con zonas caracterizadas por hábitats idóneos de Ph. perniciosus y alta tasa de infección. La meseta y la costa norte, así como el noroeste peninsular presentan valores de riesgo intermedios. Los mapas de idoneidad de hábitat para Ph. perniciosus proyectados a 2080 (Figura 4) denotan un desplazamiento latitudinal del riesgo de infección hacia el norte de la península Ibérica con un aumento en las zonas del riesgo de infección del 63 %, aunque también se produce una pérdida en el porcentaje de territorio en el sur peninsular del 27,9 % total.
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Grupo Enfermedades Zoonósicas Emergentes y Una Sola Salud, Instituto de Investigación Biomédica de Salamanca (IBSAL), Centro de Estudios Ambientales y Dinamización Rural (CEADIR), Universidad de Salamanca.
2 Medicina Interna, Facultad de Veterinaria, Instituto de Investigación en Ciencias Biomédicas y de la Salud (IUIBS), Universidad de Las Palmas de Gran Canaria